Opinión | ¿Entenderemos ahora?…

Honramos la valiente decisión del gobernador José Aispuro Torres, de hacer la declaratoria de que nos sujetemos a las medidas sanitarias que se contemplan en el semáforo rojo y, por medio de un decreto que envió al Congreso del Estado, el uso del cubrebocas será obligatorio.

Igualmente, se restringen las ventas de bebidas alcohólicas, por lo pronto, hasta el 17 del presente, se suspende su venta, igualmente, se cierran parques y jardines y también, se restringe el acceso a restaurantes y hoteles, no abrirán templos y las fiestas serán sancionadas, entre otras.

Vemos cómo está la situación con el descontrolado contagio del Covid-19 y no entendemos, así, las nuevas medidas servirán de dique de contención para que el virus no continúe contagiando a los incrédulos, escépticos que dudan de los riesgos que es contaminarse, lo cual es incomprensible, pero la necedad se ha apoderado de los negligentes e irresponsables, a quienes Ya no sabemos de qué forma podemos referirnos a ellos. Así pues, la decisión del Gobernador es oportuna.

Lo que no nos ha quedado claro desde que apareció este virus, es la actitud asumida por ciertas personas, desconocemos cuál sea su razonamiento y a qué obedece su desconocimiento de las medidas sanitarias; ciegos que guían a los ciegos.

Leí un artículo sobre esto de la periodista María Rivera, donde aborda sobre el comportamiento de muchos mexicanos, quienes en el fondo de su mente la publicidad subliminal de López Obrador y López Gatell, subsecretario de Salud, quien, como eructo, a su manera avala los dichos del Presidente sobre la pandemia y claro, ambos no usan el cubrebocas, ese es el ejemplo que ponen las más altas autoridades que nos deben orientar y señalar la mejor manera de hacer frente al virus.

La periodista observa: “Los que tomamos precauciones, digo, porque hay otros que sencillamente ya se dieron por vencidos, o ya asumen que se contagiarán o ya no creen que pueden contagiarse. Son los “covidiotas” que llevan su independencia, por no decir su irresponsabilidad, como si fuera un timbre de orgullo “fui a la comida familiar y no me contagié”, dicen, “salgo todos los días y no me contagio”, “¿por qué tengo que usar cubrebocas si no estoy contagiado, a ver, dime” dicen sin empacho. Les tiene sin cuidado contagiar a otros, son incapaces de entender que podrían ser enfermos asintomáticos o sencillamente presintomáticos. Son esos por los que tenemos que ventilar los espacios, a los que les huimos cuando los vemos hablando por teléfono tan campantes, incapaces de entender que podrían estar exhalando virus. Son los que piensan que de algo se tendrá uno que morir y por ello se descuidan poniendo en riesgo la vida de los otros que tal vez no quieran morirse tan pronto como ellos, son los incrédulos, tras siete meses de pandemia y resguardo; es la prima que chantajea a los tíos “ay, qué exagerados, si nos va a dar, nos va a dar”, es la tía ya mayor que ya se cansó “me voy a comer con mis amigas”, es la abuela que se va al súper sin empacho y con el cubrebocas al revés, los viejos que ya se sienten inmunes, no entienden qué es la transmisión aérea. Son, esencialmente, los egoístas rampantes. Todas las familias los conocen (y los padecen) porque suelen hostigar a quienes se cuidan, quieren que los demás compartan su locura, aunque se enfermen.

No conformes con arriesgar su propia salud exigen que los demás sean sus víctimas, se sumen a su irracionalidad, hasta que caen enfermos, todos. El esposo, la esposa, los hijos, los abuelos. Un día les dio fiebre, el otro, no podían respirar. Unos se recuperan, pero otros se complican, acaban en terapia intensiva, intubados. Si tienen dinero para pagar un buen hospital, puede que sobrevivan, con muchas secuelas y si no, mueren a los pocos días.

Los covidiotas son así. Confunden su ignorancia con la valentía y están convencidos, por alguna razón ignota, que a ellos no les pasará nada…”. Qué opina usted.

También las medidas emprendidas por el presidente municipal Jorge Salum en concordancia con el Gobernador, es decididamente saludable para todos, ya que se complementan, lo que es una buena noticia para la sociedad. En cuanto a su presencia, consideramos que debe redoblar los esfuerzos en todas las áreas y necesariamente, debe revisar los avances de los programas de cada área y determinar fallas y omisiones, las cuales a estas alturas son inexcusables, pues nada se puede poner como pretexto.

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