Opinión | Fiestas patrias

El año que cursamos se ha caracterizado por evitar las celebraciones, dadas las circunstancias por la que actualmente estamos viviendo a causa del Coronavirus y la economía, ambas crisis afectan severamente todas las actividades e impide que no haya ninguna festividad.

Este año, dada la situación por la que estamos pasando, a pesar de que habrá grito, lo deberemos seguir a través del Internet o por la Televisión, además, el clima con el agua que no cesa, no facilita las condiciones, recluidos debemos seguir el evento.

Por su parte el gobernador, José Aispuro Torres, fiel a su política, ha visitado las áreas afectadas y han sido atendidas oportunamente, se sabe de muchas zonas que han sido dañadas, consecuentemente habrá de recurrir las Fondo de Desastres Naturales, esperemos que Durango sea escuchado y atendido, pues los estragos causados por las constantes lluvias, varias viviendas en todas partes de la entidad, han sido severamente afectadas, al grado de que muchas de ellas están a punto de colapsar.

Confiamos que el campo no resulte tan dañado y las cosechas no se vean afectadas severamente, con las consecuentes pérdidas.

Las actividades en la entidad continúan a un ritmo lento, de acuerdo a la capacidad de las empresas y lo permite el Coronavirus, la mayoría de las actividades están a merced de la crisis sanitaria.

Los duranguenses confiamos en que el Gobernador obtenga la ayuda necesaria del gobierno Federal, para realizar otros proyectos, que, por cierto, Aispuro Torres ya anunció.

Consideramos que sólo la inversión del gobierno de la entidad, es la que podrá alentar la economía que se encuentra tan deteriorada.

Con el gobierno Federal, no se puede contar pues esta inmerso en otras prioridades y todos los recursos federales están destinados a ellas, dejando descuidadas a las entidades de la República, esa es la situación, por cierto, desoladora.

El Presidente se tropieza consigo mismo con una enorme facilidad. Si los impulsos son importantes en un líder opositor, en un mandatario sobran: no puede estallar cada vez que lo provocan. Imagínense a López Obrador frente al botón rojo de las ojivas nucleares, todas las mañanas (y mañaneras): nunca lo presionaría –no es ese tipo de hombre–, pero genera nervios que lo tenga frente a sí en momentos donde se imponen sus impulsos sobre el hombre de Estado. Extremo los ejemplos para explicarme, claro, porque México no tienen bombas de destrucción masiva; salvo la corrupción, y ésa no se detona con un solo botón rojo.

López Obrador se tropieza consigo mismo. Habla de corrupción y de fraudes electorales, pero no toca a Manuel Bartlett: lo sienta junto a él, como pasó la semana pasada. Habla de medios, periodistas e intelectuales sentados-con-el-poder, pero reparte el presupuesto de publicidad oficial sin reglas claras y abusando de la discrecionalidad: Televisa, TV Azteca y La Jornada son a él, lo que fueron Televisa, TV Azteca y La Jornada para Peña: los favoritos, los beneficiarios de su discrecionalidad, los que están sentados-con-el-poder junto con él. Los medios “del pasado”, que flotaron a gusto con los “regímenes pasados”, son su presente porque así lo desea su corazón. Son, sin más, el estorbo de su corazón

López Obrador lleva dos años luchando contra “conservadores”, “conservas”, “pasquines” y “neoliberales”. Le quedan cuatro años. Un tercio de su mandato dedicando tiempo a sus “adversarios”. Consideramos que no se los va a acabar ni aunque gobernara doce años. Cuando él vaya rumbo a su rancho, medios y grupos políticos que él ve –y trata– como enemigos seguirán allí; es más: entonces tomarán fuerza. Y él habrá perdido el podio para seguir tundiéndolo; al menos ese podio privilegiado que da el poder.

No hay camino corto para cambiar a un país. Ni siquiera para López Obrador. Primero está convencer a las mayorías (y eso se logró en 2018). Luego está dar los pasos correctos a través de las instancias correctas: para ir por los expresidentes no se necesita una consulta sino abrir una carpeta, aportar pruebas y llevarlas ante un juez; para provocar una revolución en los medios no se requieren garrotazos o castigarlos con el reparto discrecional del presupuesto; se necesita demostrar que se es distinto, que no se denuncia la “Ley Chayote” cuando se está en la oposición y se usa cómodamente cuando se tiene el poder.

Esperaremos a que reconsidere y modifique su actitud, que hasta ahora ha sido poco considerada y eso no ayuda a nadie, menos al país.

Comentarios: observatoriociudadano01@gmail.com

Twitter: jparreolatorres

Blog: Juan Pablo Arreola Torres

Facebook: Juan Pablo Arreola Torres

Puedes comentar con Facebook