Opinión | Guerra sucia en puerta

Las elecciones para renovar la dirección de Morena son un reflejo de que aún le falta mucho para constituirse en verdadero partido político para estar: cohesionado, diciplinado, organizado, con estructura y claridad política. Más de setenta aspirantes a dirigir el partido no nos hablan de una democracia interna, sino de un voluntarismo extremo, donde todos se creen líderes, capaces de superar el reto de construir un partido real.

Ante el inusitado número de pretensos a la presidencia de Morena, donde encontramos desde veteranos en las lides políticas, hasta bisoños que quizá confundan la brillantes intelectual, profesional y académico, y ser buenas gentes, con el liderazgo de partido.

Creo que las preguntas obligadas de todo militante sobre los candidatos son: quienes son, de donde salieron, como ingresaron a Morena, cuál es su aportación, que trayectoria tienen, donde han hecho su actividad por la democracia, que proponen. Entre otras condiciones mínimas que se requieren para elegir al próximo dirigente nacional.

Es necesario un líder sólido capaz de imponerse a las cofradías oportunistas y corruptas que abundan en los estados, y que se han apoderado de las decisiones partidistas, designando candidaturas y demás espacios políticos, sin comprometerse en lo más mínimo en la construcción del partido a partir de la vinculación con la base popular.

Es tal el escándalo de la corrupción en Morena, que en los estados están más cerca de la derecha que de la 4T, incluso del presidente Andrés Manuel López Obrador del cual solo se acuerdan cundo visita su estado. Su visión de partido es tal, y su ignorancia de la problemática social tan supina, que cuando se les pregunta cuál es su función como militantes de Morena, contestan: no mentir, no robar, no traicionar, como si fuera receta de cocina.

Es difícil saber quiénes tienen las cualidades para dirigir Morena, trayectoria partidaria no se les puede exigir porque el mismo partido es joven. Los morenistas han perdido la brújula para insertarse en el movimiento social, organizarlo, levantar demandas, realizar programas. Hace mucho se dejo de considerar el movimiento social como el espacio fundamental para organizar partido y reivindicar sus intereses.

No basta con ser intelectual democrático, ni teórico de medio pelo, o tirar rollos en las Redes Sociales, o, decirse cercanos al presidente. Algunos de los candidatos le están apostando a crear imagen en Redes Sociales, tener seguidores, que les den like a sus mensajes y se agreguen de seguidores, algo totalmente engañosos, porque quizá, la mayoría de ellos ni a Morena pertenezcan.

Como en el viejo PRI, hay patadas debajo de la mesa, quien se veía joven pero serio era Gibran Ramírez, pero inició guerra sucia con un video donde Muños Ledo aparece con López Portillo, lo cual es normal que aparezca con los ex presidentes, el fue parte del sistema, incluso perteneció al servicio diplomático con Vicente Fox, eso no le demerita ni su capacidad, ni su aportación a la lucha por la democracia y su visión de estado, pero si refleja la inmadurez de este joven que abre la guerra sucia interna. 

Porfirio Muñoz Ledo también comete una pifia al decir que podrían haber entregado dinero algunos candidatos al presidente del Instituto Nacional Electoral Lorenzo Córdova para darles ventajas en la contienda, una mera especulación sin sustento, especulación aventurada que también abre la puerta para que la elección se convierta en una guerra intestina. Esta elección esta para llorar. O no.

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