Opinión | Intelectuales defienden la Libertad de Expresión

Una de las formas más bárbaras de atentar contra la democracia, es, acallar la libertad de expresión, ya sea con la compra de conciencias, con el hostigamiento, con el encarcelamiento, o con el asesinato. En México ha sucedido todo esto, una forma de conservar el poder, silenciando las voces críticas, denunciantes, incómodas.

En este peligroso mundo del ejercicio periodístico, decenas de comunicadores han sido asesinados, esto hace que el ejercicio periodístico tenga un alto nivel de riesgo en este país. Terminar con la intolerancia es complejo. Tan peligrosos son quienes mandan ejecutar, como quienes callan los asesinatos, los comunicadores que reciben dádivas para guardar silencio, no comentar, no denunciar, incluso; justificar asesinatos, persecuciones o encarcelamientos con el increíble argumento de “yo creo que andaba en algo”.

Hay temas, que para los comunicadores su manejo son muerte segura, esto pasa en todos los estados, los temas relacionados con el crimen organizado y su vinculación con el poder político y la corrupción son tabú.

Todos los comunicadores sabemos cosas gravísimas, corrupción desmedida, negocios enormes cometidos al amparo de la impunidad, asesinatos y otras lindezas. Alguna vez una persona me dijo, deben denunciarlos, le contesté, más de uno lo haríamos si con eso se hiciera justicia y hubiera castigo, lo único que conseguiríamos sería no solo nuestra muerte, sino la de algún ser querido y nada se haría. Muertes en vano, lo más triste, que todo lo justificarían los periodistas funcionales al poder.

Un ejemplo de esta alianza del poder con medios de comunicación la vivimos con cierta frecuencia. Las denuncias de acoso contra mujeres, cometidas en instituciones educativas no se difunden en medios, por lo tanto, no hay seguimiento periodístico, la razón es el dinero que se les paga, no para que digan, sino para que callen. Afortunadamente las Redes Sociales se convierten en instrumentos de denuncia y presión, desbordan a los medios tradicionales y a los lacayos del poder.

En las Redes Sociales se ha avanzado de manera importante en la denuncia y el poder político se ve cercado ante el bombardeo que desde la sociedad civil se les hace.

El tema viene por los más de seiscientos intelectuales que firmaron un texto contra el presidente López Obrador, acusándolo de atentar contra la libertad de expresión, y que su integridad física corre peligro por el azuzamiento que contra ellos se hace.

Muy lamentable, hasta hoy no hemos visto, y esperamos nunca verlo, que se les haya amenazado en ninguna forma. Son intelectuales y saben que la libertad de expresión no implica el ataque diario, sistemático, continuo al presidente ni a su gobierno. Saben perfectamente, o deberían saberlo, que un comunicador nunca debe distorsionar, ni mentir, ni inventar, ni falsear. Y eso lo hacer un día sí y otro también y no puede quedar sin respuesta la falsedad.

Menos es creíble su defensa a la libertad de expresión cuando durante décadas no la exigieron ante la barbarie contra los comunicadores. Nuca vimos ni la mitad de los firmantes solidarizarse con los deudos de los comunicadores asesinados, ni con Lydia Cacho, ni con Carmen Arístegui, ni con Olga Wornat, ni con Nino Canún, ni con Anabel Hernández, ni con Sergio Valdez, ni con nadie. Hoy salen a defender una libertad de expresión que muchos de ellos nunca ejercieron porque eran conciencias compradas.

Pero esos intelectuales, más allá de su aportación a la reflexión y a la literatura, hoy coinciden con la derecha golpista y se confrontan no con el presidente, sino con la sociedad que en Redes Sociales los pone en su lugar manera contundente, por eso, un intelectual que es socialmente rechazado, y quienes les aplauden son los enemigos del pueblo, su calidad de intelectuales queda cuestionada. O no.

Puedes comentar con Facebook