Opinión | IV Domingo de Pascua Domingo del Buen Pastor

El Buen Pastor da la vida por sus ovejas

Jn 10. 11-18

Hemos llagado a la mitad del tiempo de pascua, en los domingos anteriores hemos recordado diversas apariciones de Jesús resucitado. A partir de este domingo, y hasta la Ascensión del Señor, el santo evangelio, tomado siempre de san Juan, se centrará en diversos aspectos de la relación entre Jesús con nosotros: buen pastor, vid y sarmientos, mandamiento nuevo, oración sacerdotal.

Hoy IV domingo nos toca meditar en la imagen de Jesús Buen Pastor. La imagen del pastor era frecuente en el Antiguo Oriente para referirse al rey: simbolizaba la relación correcta con sus súbditos, que no debía ser despótica sino preocupada por su bienestar. Jesús se la aplica, pero llegando a un extremo que no se da entre los pastores: da la vida por sus ovejas. Es cierto que un pastor, a diferencia del asalariado, está dispuesto a luchar con el lobo para defender al rebaño. Pero no es normal que esté dispuesto a morir por sus ovejas. A tanto no llega. Jesús, en cambio, ve así su misión: dar la vida por ellas. No lo hace por obligación, forzado, sino libremente. Sabiendo que esa vida que entrega la podrá recuperar. Y esto tampoco puede hacerlo un pastor normal y corriente. Aunque el evangelio hable de Jesús como «el buen pastor» debería haber dicho: bueno, único y excepcional.

Este pasaje concede también especial importancia al futuro de Jesús: a su labor con respecto a otras ovejas, a las que debe buscar para que haya un solo rebaño y un solo pastor. Es una referencia a las comunidades cristianas que se irían formando en países paganos, y a todos nosotros.

Relacionando las tres lecturas, Jesús, buen pastor, nos ha salvado y nos ha conseguido el ser hijos de Dios. A nosotros nos corresponde escuchar su voz y agradecerle el don que nos ha hecho, pidamos la gracia de poder escuchar la voz de Jesús, nuestro buen Pastor resucitado, para realizar en nuestra vida el sueño que Dios tiene para cada uno de nosotros. En este tiempo tan agitado donde los cambios son tan veloces y las propuestas de vida innumerables y engañosas, aprendamos a descubrir la voz de Dios en medio de la voces de los asalariados, los ladrones de aquellos que no les interesa el rebaño. Recordemos lo que afirma el santo padre el Papa Francisco al respecto:  “A Dios no le gusta revelarse de forma espectacular, forzando nuestra libertad. Él nos da a conocer sus planes con suavidad, no nos deslumbra con visiones impactantes, sino que se dirige a nuestra interioridad delicadamente, acercándose íntimamente a nosotros y hablándonos por medio de nuestros pensamientos y sentimientos. Y así, como hizo con san José, nos propone metas altas y sorprendentes.” Escuchemos al buen Pastor, hagamos caso a su Palabra.

También de modo especial en este domingo invito a toda la comunidad a rezar por el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones sacerdotales.

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