Opinión | La catástrofe anunciada se revirtió

El pragmatismo, como método neoliberal en la toma de decisiones, se aparta de todo sustento teórico, de todo fundamento histórico, filosófico o científico, para, al margen de estos elementos, simplemente optar por las opciones inmediatistas y de utilidad práctica.

Los partidos políticos que constituyen la alianza “Va por México” PRD, PRI y PAN, al perder de manera tan estrepitosa las elecciones del 2018, habían perdido los sustentos ideológicos que les dieron origen, decidieron transitar por el pragmatismo para recuperar el poder.

Como estrategia, decidieron establecen alianzas con la derecha empresarial más radical, con los llamados generadores de opinión supuestamente más influyentes del país, con medios internacionales neoliberales para articular el golpe blando que debilitara al gobierno que les quitó el poder, y con la posibilidad de generar condiciones de un golpe de estado con el apoyo del ejército y el gobierno de Estados Unidos.

Un laboratorio que les confirmaría lo acertado de su proyecto, fue el golpe de estado en Bolivia, de allí, seguiría México, Venezuela, levantarían más movilizaciones contra el régimen cubano y a regresar a sus días gloriosos del “gorilato” continental.

Se han invertido grandes cantidades de dinero -dudamos qué de los bolsillos empresariales, se caracterizan por pichicateros-, su financiamiento llega de Estados Unidos vía la embajada, quizá de fundaciones ultra conservadoras de la unión americana y Europa, y la asesoría del partido Vox España, del Partido Popular y otros grupos franquistas.

El golpeteo inició prácticamente desde el inicio del gobierno de López Obrador. Frena, de Gilberto lozano, intentó con una toma del zócalo que iría creciendo, tomar palacio de gobierno, esta acción, fue calificada por los medios conservadores y oportunistas, como la segunda toma de la capital después de la de Villa Y Zapata. Esta acción voló con los fuertes vientos capitalinos haciendo el ridículo.

La llamada estrategia del golpe blando continuaba, su primera derrota internacional fue el triunfo popular de Bolivia que derrotó en las urnas a los golpistas, y de paso a la OEA de Luis Almagro que eufórica los había apoyado.

En nuestro país, la derecha no tiene proyecto, ni liderazgos, ni partidos, ni fuerza social, ni nada, la alianza estaba hecha con organismos, empresas y grupos sin presencia, ni influencia social. La soberbia derechista consideraba qué a su llamado correría, la masa popular, a restituir la independencia, libertad y salvar a la patria.

Los días, las semanas, los meses y los años pasan y no se ve ningún avance en su proyecto; la debacle que a diario anuncian no llega, cuando el presidente ha bajado en su aceptación una décima de punto, anuncian su inminente caída, al otro día sube tres puntos, en este momento va sobre los 70 puntos.

En España, la misma derecha europea se asombra que el partido Vox, que revive lo más obscuro del franquismo y los valores medievales, se convirtiera en fuerza política. La derecha mexicana hizo de Vox su padre político putativo.

Ante el éxito de Vox en España, deciden dar un golpe de timón, traen a Santiago Abascal para poner a temblar al presidente López Obrador y levantar al pueblo mexicano para que recobre su libertad, robada por el comunismo internacional.

Esto se revirtió terriblemente, fue algo que se esperaba, el pragmatismo burdo los llevó al desastre. La catástrofe que anunciaron de manera diaria y machacona, se les revirtió. O no

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