Opinión | La gubernatura que viene (VI)

Como preludio de la llegada de Hernández Deras a la candidatura y posterior triunfo por la gubernatura del Estado, hubo un par de antecedentes de proyectos de renovación político-electoral que se frustaron prematuramente, aunque por causas diferentes. Son los casos de Luis Ángel Tejada Espino y de Jorge Mojica Vargas, cada uno en su tiempo, que mostraron la obsolescencia y anacronismo del sistema gobernante de Durango y el agotamiento de las viejas prácticas electorales del PRI.

Desde el inicio del proceso de renovación de la gubernatura para el año de 2004, y las presidencias municipales y diputaciones locales, comienza a perfilarse la configuración del equipo de Ismael Hernández Deras y de la auto llamada nueva generación política.

Contra lo que se hubiera pensado, una de las primeras decisiones del nuevo candidato a gobernador del PRI fue tomar distancia explícitamente tanto de Ramírez Gamero como de Silerio Esparza; se los hizo saber directamente y así lo reflejó en el desarrollo de la campaña electoral y en la determinación de su gabinete.

Si acaso unas cuantas concesiones menores y la advertencia de no intervenir en su mandato, ni para bien ni para mal. Ninguna de estas actitudes encontró oposición o renuencia por parte de aquellos que le habían franqueado generosamente los accesos a los cargos partidarios o de elección, lo que denotaba, por un lado, la inexistencia de una real fuerza política de los exgobernadores y, por la otra, el verdadero rostro del político joven que los había seducido con antelación y que ahora daba muestras de su pragmatismo e innegable habilidad política.

En el curso de la campaña y en la integración del gabinete comienzan a aparecer los nuevos depositarios del poder público. Destacaban de entre ellos Jorge Herrera Delgado, Adrián Valles, Abraham Moreno, Luis Enrique Benítez, Adán Soria, Jesús Alvarado, Jorge Herrera Caldera, Héctor Arreola, Otniel García, Apolonio Betancourt y José Ramón Enríquez, principalmente. A estos se agregaban Ricardo López Pescador, formado en las filas de Silerio, y Ricardo Pacheco y Jesús Gutiérrez, quienes defeccionaron del grupo de Ramírez Gamero para unirse a Ismael.

Complementaban la plantilla de la “nueva generación”, algunos elementos provenientes de la sociedad profesional como José Luis Carrillo, Francisco Vázquez Novoa, Miguel Ángel Rodríguez Vázquez y Patricia Herrera, entre otros.

En su primer gabinete Ismael incorporó también a José Rosas Aispuro Torres como director de Pensiones, a pesar de que se comentaba en corrillos que le había prometido la secretaría general de gobierno. Un año y cuatro meses después se dieron una serie de importantes cambios en el equipo gobernante, que dejaron ver que el concepto de nueva generación no era tan sólido, sino que se trataba más bien del surgimiento de un Ejecutivo fuerte, que podía prescindir de cualquiera de sus subordinados o cambiarlos de función sin problema, porque después de su victoria electoral no había subsistido en Durango ningun contrapeso político capaz de oponerse al poder absoluto recién conquistado.

Gradualmente se fue evidenciando que la nueva generación era un simple eufemismo, la nueva generación era solamente el propio nuevo gobernador. Así lo denotaba el trato imperativo que daba a sus colaboradores; el dominio completo sobre el poder judicial y el poder legislativo que se componían en su gran mayoría por correligionarios del jefe del Ejecutivo; y el mando implacable sobre las decisiones políticas del PRI estatal.

De entre esos personajes brillaba con luz propia Jorge Herrera Delgado, a quien traté cuando se gestaba su participación como aspirante a la candidatura del PRI a la presidencia municipal de Durango y luego en la elección constitucional que lo llevó al gobierno municipal.

Me pareció una rara avis en aquel nuevo mundillo de la política de Durango y, por supuesto, un proyecto en ciernes para los genuinos reclamos de honestidad, ética, capacidad y eficacia que los duranguenses hacían a la nueva generación de gobernantes.

Su muerte temprana abrió un vacío significativo en la esperanza que los electores depositaron en los integrantes de la naciente “generación política”, que veían en Jorge a una persona con autonomía y criterio independiente; un servidor público que encarnaba en su desempeño gubernamental, y en su vida privada, los rasgos que legitiman a los representantes ciudadanos, alejado del escándalo, del “qué dirán”, del enriquecimiento súbito, de la frivolidad o del boato ofensivo.

Antes de cumplir dos años en el poder, la auto llamada nueva generación comenzaba a pulverizarse. Algunos fueron separados de sus cargos por el gobernador para dejarle lugar a nuevos elementos; otros  más fueron sencillamente cambiados de encargo, unos del poder judicial al ejecutivo, otros del poder ejecutivo al poder legislativo, como auténticas piezas del ajedrez de un solo jugador; otros más optaron por “tirar el arpa” y emprender sus proyectos personales, como Aispuro y Enríquez; en tanto, varios fieles seguidores de la carrera de Hernández Deras fueron poco a poco apartados del cerrado círculo que le rodeaba, en el que Jorge Herrera Caldera se fortalecía al paso de los meses.

Al margen de esos sucesos, empezaba a aflorar uno de los inconvenientes de llegar demasiado joven a la gubernatura; usualmente los gobernadores anteriores a Hernández Deras llegaban al Ejecutivo estatal como culminación final de sus trayectorias públicas y, en consecuencia, salvo el caso de Ramírez Gamero, todos se retiraron de la política electoral o dejaron de aspirar a puestos de elección popular.

No era el caso de Ismael, que veía en la gubernatura el inicio de un sendero que, en su concepto y en la imaginación de sus seguidores, lo podría conducir a un prolongado control del poder público estatal y, por qué no, a una eventual candidatura presidencial.

Al tiempo que inició su gobierno, Ismael emprendió también la conquista de las simpatías de Vicente Fox, lo que no le resultó difícil dado el conocido desenfado del folclórico presidente y su debilidad ante el halago.

Ahora bien, ¿cómo se presentaban los retos de gobierno a esta nueva generación?

De eso trataremos en la siguiente ocasión.

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