Opinión | La gubernatura que viene (VII)

Para obviar la mención de las expectativas que se abrían al arribo del nuevo grupo comandado por Ismael Hernández Deras al poder estatal, me permito reproducir parte de la nota que publiqué en estas mismas páginas poco antes de su asunción.

“Dentro de 30 días Ismael Hernández Deras asumirá el gobierno de Durango. Con él arribará a la conducción del poder público estatal lo que se ha dado en llamar la “nueva generación”. 

“Ahora bien, ¿cuál es el entorno y cuáles los retos que debe enfrentar la próxima generación gobernante?

“A nadie escapa (ni siquiera en Durango) que el futuro ya nos alcanzó y que la globalización llegó para quedarse. En unos cuantos años la humanidad registrará un hecho de la mayor relevancia: habrá más seres humanos viviendo en zonas urbanas que en zonas rurales; la sociedad rural tiende a desaparecer y el fenómeno ya se hace visible en Durango, con gran número de municipios que presumiblemente ya no reúnen las condiciones demográficas y económicas necesarias para su vigencia constitucional.

“Pero la globalización también está vinculada con las presiones crecientes a los centros urbanos y con la amplificación de la desigualdad.

“La globalización produce más perdedores que ganadores y empuja la migración del campo a las ciudades o, como en el caso de Durango, del campo a los Estados Unidos de América, recuérdese que de los más de 20 millones de mexicanos que radican en aquel país, una cifra indeterminada, de entre 400,000 y 600,000 son duranguenses, que con el envío de sus remesas de divisas sostienen la economía de regiones específicas del Estado. Mientras tanto Durango, Gómez Palacio, Lerdo y, más recientemente, Guadalupe Victoria, Santiago Papasquiaro, Canatlán, Vicente Guerrero y otras ciudades medias, acusan la desigualdad en la distribución de las obras, servicios y beneficios urbanos; la informalidad, traducida en ambulantaje y asentamientos irregulares; la falta de cohesión social, las conductas antisociales, la desintegración familiar y el aumento de la delincuencia; el congestionamiento vial, el deficiente transporte público, la contaminación del aire y los acuíferos; el deterioro e insuficiencia de la vivienda, el hacinamiento y el crecimiento periférico y marginal; y marcos jurídicos y reglamentarios incompletos, obsoletos o inoperantes, por sólo mencionar los problemas más ingentes.

“En ese sintético contexto los retos parecen descomunales. ¿Qué hacer, entonces, para industrializar a Durango y desarrollar su economía? ¿Qué hacer para resolver el problema del desempleo primario y del desempleo profesional? ¿Cómo preparar los nichos y condiciones para atraer la inversión pública extranjera y nacional? ¿Cómo combatir la pobreza rural y reactivar el campo y su función productiva y social? ¿Qué fórmulas emplear para consensar políticas de Estado que trasciendan períodos y niveles de Gobierno? ¿Cómo rediseñar el aparato educativo para preparar los cuadros profesionales que conduzcan el cambio de Durango hacia la sociedad y la economía del conocimiento? ¿Qué alternativas financieras explorar para la realización de infraestructura productiva, como carreteras, presas, plantas de energía eléctrica, etc.?

“Las interrogantes se pueden alargar y encadenar exhaustivamente, sobre todo si partimos de una serie de precondiciones que son limitantes y obstáculos para el desarrollo y el progreso (com)prometidos por la nueva administración.

“El presupuesto de gasto es pequeño e insuficiente y la deuda pública creció notablemente; por más que se compare su monto con el total del ingreso para establecer su manejabilidad, no debe olvidarse que más del 90 por ciento del presupuesto estatal proviene de participaciones y fondos federales etiquetados y que los recursos propios son poco significativos para amortizar una deuda de tal magnitud. Durango presenta tasas de crecimiento demográfico por debajo del promedio nacional; su contribución al PIB Nacional es baja; los índices de desempleo y subempleo son altos; el déficit en caminos y carreteras interestatales nos coloca abajo del promedio nacional; el sistema eléctrico que abastece al Estado es insuficiente para potenciar el desarrollo industrial requerido; la estructura orgánica y la cantidad y calidad de los recursos humanos de la administración pública no están preparados para impulsar y conducir cambios estructurales profundos, etc., etc. 

“Juventudes y marketing político aparte, lo que Durango espera de esta generación es un gobierno eficaz y profesional, de calidad total, con procesos y tecnologías administrativas altamente certificadas; un gobierno imaginativo y eficiente, con visión estratégica y programas de gran visión; un gobierno bien organizado, transparente y honesto, que combata la corrupción oficial y privada hasta su erradicación; un gobierno respaldado por la más avanzada tecnología informática; no sólo cercano a la gente, sino profundamente comprometido a darle participación y concurso en la definición y ejecución de políticas públicas que tengan que ver con su bienestar y su calidad de vida. Nada más, pero nada menos. (Termina la cita)

Las preguntas hoy, julio de 2021, serían: ¿Cuáles de los retos que se le plantearon en la nota de hace 17 años fueron enfrentados exitosamente por el gobierno de la “nueva generación”? ¿Quién de los integrantes de esa nueva camada de gobernantes cumplió una tarea destacada en la solución de esa problemática? ¿Existió realmente un proyecto estratégico, con visión de futuro, que orientara el trabajo de, cuando menos, los 20 años venideros? ¿Cuál era el estado de la deuda pública antes de esa administración y cuál su monto al final? ¿Qué obras públicas de relevancia, vinculadas con los retos enumerados, subsisten después del gobierno de la “nueva generación”?

Muchas otras interrogantes similares permitirían establecer una comparación adecuada de los cambios sustanciales del gobierno de Hernández Deras respecto de sus antecesores, pero también daría luces para distinguir las virtudes o deficiencias mostradas por los colaboradores y seguidores a los ojos de Ismael, que lo inclinarían a elegir de entre ellos a su sucesor en el mando, sin los inconvenientes de modo, tiempo y espacio que tuvieron que enfrentar Ramírez Gamero, Silerio y Guerrero Mier y, además, teniendo en mente, según se afirmaba entre sus correligionarios, la preservación del poder estatal por varios sexenios.

De eso trataremos en la siguiente entrega.

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