Opinión | La gubernatura que viene

Apenas pasada la turbulencia de un desangelado proceso electoral local, se desatan en Durango las inquietudes por la gubernatura que viene.

Las especulaciones comienzan a brotar a borbotones, más motivadas por deseos personales que por análisis serios de las posibilidades de los suspirantes.

En principio, conviene reflexionar sobre el significado de los resultados electorales recientes, que indican que ninguno de los partidos políticos, por sí mismos, muestran capacidad para ganar solos la elección gubernamental.

Por otro lado, el entusiasmo por los resultados que favorecieron a la coalición PRI-PAN-PRD puede confundirse con un repunte de estos partidos en las preferencias de los electores, cuando es muy posible que buena parte de los votos emitidos en su favor hayan sido de rechazo a Morena y a las políticas gubernamentales de la Federación.

Es decir, que ante la disyuntiva de votar o no votar por Morena, los electores hayan diferenciado sus votos para distribuirlos entre los tres partidos coaligados, algunos de cuyos candidatos tampoco suscitaron gran entusiasmo, dada su larga e inocua trayectoria política o su dependencia indiscutible de otros factores de poder, que fueron quienes finalmente inclinaron la balanza en la designación de candidatos y candidatas.

Si se observa con objetividad a los personajes que se desgranan como aspirantes a la gubernatura, tendrá que concluirse que, sin excepción, carecen del recorrido político-social, de la experiencia administrativa y del enraizamiento popular que garanticen no únicamente el triunfo electoral, sino también una decorosa gestión gubernamental, pues ya hemos experimentado reiteradamente los resultados de gobernanzas fallidas y gobernantes erráticos.

¿DE DÓNDE PUEDEN EMERGER LOS FACTIBLES CANDIDATOS O CANDIDATAS A LA GUBERNATURA?

De la estructura municipal, como aconteció en los dos períodos anteriores. Sin embargo, a diferencia de esos procesos, hoy no se avizora un alcalde o alcaldesa con peso y respaldo suficientes para enfrentar una contienda exitosa por la gubernatura, sin descartar que la actual presidente municipal de Gómez Palacio resulte abanderada de Morena, lo que sería motivo de un examen aparte.

Del gabinete del gobierno estatal, con todo y que, para ser sinceros, no se advierte en sus integrantes el menor indicio de la estatura, personalidad, eficacia y fama pública que legitimaran mínimamente una candidatura que surgiera sorpresivamente de la burocracia local.

Del cuerpo de representantes populares federales y estatales. Por lo que toca a los senadores de la República en funciones, hay dos que aspiran permanentemente a la candidatura. Uno de ellos, de larga data en la lucha popular y electoral, ha dejado atrás sus mejores días y ha disminuido severamente su capital político, sobre todo después de su derrota en la búsqueda de la presidencia municipal de Durango, por segunda ocasión. El otro senador, también persistente aspirante al gobierno, tendría primero que obtener la candidatura de Morena, su nuevo partido, y luego remontar el desprestigio que lo ha envuelto después de su polémico paso por el Ayuntamiento capitalino.

De los diputados y diputadas federales electos no se encuentran caracteres o trayectorias elementalmente destacadas, como para considerar su posible emergencia a la candidatura gubernamental.

De los diputados y diputadas al Congreso local. Conforme los resultados obtenidos en la pasada elección, y de acuerdo con los apoyos que los llevaron a las candidaturas, existen dos o tres casos interesantes que, eventualmente y bajo ciertas condiciones, podrían surgir inesperadamente como opciones frescas para un electorado que está cansado de votar siempre por los mismos, que solamente cambian de cargo y encargo, pero cuyos resultados son siempre magros o nulos de plano.

De la sociedad civil. Una posibilidad no descartable es la irrupción de una mujer o un hombre sin partido o que haya sido marginado políticamente, que concite el interés popular o que responda al impulso de un proyecto abanderado por fuerzas organizadas de los núcleos más influyentes o poderosos de Durango. O, tal vez, un miembro no conspicuo de un partido político que despierte súbitamente el interés popular y que se erija como candidato ciudadano, por encima de banderías políticas, obligando a ciertos partidos a acogerlo como su representante.

¿ QUIÉNES DECIDIRÁN FINALMENTE LA ELECCIÓN DE LOS CANDIDATOS MÁS FUERTES? 

El presidente de la República, si tiene interés en la gubernatura de Durango para su proyecto político, en cuyo caso será verdaderamente complicado luchar contra el candidato y el aparato del gobierno federal, incluyendo la presión contra los ex gobernadores del estado que se opongan a esa decisión o contra los actores principales de la oposición, a través de las investigaciones financieras y policiales que son instrumentos usuales de disuasión en la actualidad.

El gobernador en funciones y los dos ex gobernadores recientes, cuyos acuerdos y desacuerdos se reflejan claramente en la configuración de los candidatos y candidatas a las diputaciones locales y federales celebradas el mes pasado, quedando por ver de qué manera concilian estos personajes sus intereses personales y políticos y los claro-obscuros de sus respectivas administraciones.

En fin, poco vivirá quien no confirme en los hechos alguna de las situaciones antes señaladas. En todo caso, las incógnitas seguirán dando material abundante para el comentario.

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