Opinión | La izquierda cavernícola

Lo que le da algo de honorabilidad a la política es el diálogo, los acuerdos y su cumplimiento; de no ser así sería imposible transitar hacía la suma de voluntades para lograr objetivos compartidos entre las diversas fuerzas políticas; no conozco un solo parlamento en el mundo en el que el partido mayoritario comparte la conducción de la Mesa Directiva con los partidos minoritarios, pero en México la ley establece que sea así.

Hicieron bien la mayoría de diputados de Morena en votar a favor de la propuesta que encabezaba la priísta Dulce María Sauri como Presidente de ese órgano legislativo encargado del protocolo de las sesiones; de no haber sido así el mensaje para el país hubiera sido bastante negativo y se hubiera impuesto la izquierda cavernícola, esa que no respeta acuerdos y se conduce de acuerdo a sus propios códigos.

Mario Delgado hizo lo que le correspondía hacer, no solo para cumplir con la ley sino con el acuerdo que se estableció cuando se instaló la Legislatura, circunstancia que propició que algunos de los sectores más radicales de la izquierda se inconformaran porque el petista Gerardo Fernández Noroña no obtuvo ese cargo.

Lo cierto es que Morena ha mostrado ser un partido desorganizado e inestable por la fragilidad que han tenido sus dirigentes nacionales y la improvisación facciosa de sus liderazgos estatales que en muchos de los casos son más afines a los gobernadores o ex gobernadores que al proyecto del Presidente de la República.

Para nadie es desconocido que muchos ex priístas y ex panistas dejaron sus partidos y se sumaron a López Obrador en 2018, no por convicción ideológica, sino por la conveniencia de saber que él iba a ganar las elecciones con ellos o sin ellos; ese pragmatismo ha entorpecido, las ya de por sí tortuosas relaciones entre los grupos de izquierda.

Morena ha sido una de las principales debilidades de AMLO, el segmento de la 4ta. Transformación que más problemas y desgaste le han ocasionado al Presidente; el partido fue el detonante para que se empezara a perder el capital político con el que llegó a Palacio Nacional.

Con Yeidckol Polevnsky Morena se convirtió en un lastre, mostró el rostro de la izquierda cavernícola, facciosa y sin principios que destruyó al PRD, ella utilizó la dirigencia para hacer negocios y para colocar a sus secuaces en los estados con la intención de que impulsaran su fracasado proyecto de crear una corriente nacional que le permitiera acceder a un periodo completo como Presidente del CEN y seguir disponiendo de los recursos económicos y de las candidaturas.

Alfonso Ramírez Cuéllar llegó muy acotado por los personajes que lo llevaron al cargo, se mostraba inseguro y dubitativo, nunca logró ejercer un liderazgo real porque su condición de “interino” lo devaluaba políticamente y más aún, cuando utilizando el argumento de la pandemia intentó manipular los tiempos para que se eligiera una dirigencia formal y prolongar su estancia en la Presidencia del CEN.

La izquierda siempre ha sido inestable y más ahora que lograron obtener el control de los poderes constituidos federales; ha sido difícil para muchos personajes procesar que ya dejaron de ser oposición y que ya son gobierno, que tienen el Ejecutivo y el Legislativo, eso sin duda, representa una gran responsabilidad, no solo histórica, sino también política y social.

Si la izquierda no se institucionaliza en el corto plazo, difícilmente podrán cumplir con los objetivos que plantea la 4ta. Transformación y más si no entienden que una gran parte de los actuales diputados y senadores son liderazgos huecos, sin trascendencia social, que no le aportaron un solo voto al triunfo de AMLO, sino por el contrario, ellos fueron beneficiarios de un fenómeno electoral apabullante en el que muchos obtuvieron una curul o un escaño, sin siquiera haber hecho campaña.

@ernestoescobosa

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