Opinión | ¿La libertad es altanera?

Rafael Cardona, en su columna del 02 de septiembre, hace un análisis semántico y politológico de la frase que dio la nota en el mensaje alusivo al 2º Informe de Gobierno del Presidente López Obrador. Cito las palabras textuales del Presidente:

“Invité al fiscal general de la República y al presidente de la Suprema Corte de Justicia y no pudieron asistir. En otros tiempos eso no pasaba, porque ellos tienen la arrogancia de sentirse libres.”

Cardona concluye que tal vez todo fue un juego de apariencias -ausencias pactadas- para mandar el repetido mensaje, dentro de la monotonía discursiva cotidiana, de que el gobierno actual es distinto a los anteriores, pero lo aderezó con calificativos que destaca la virilidad de los ausentes: “por definición presidencial, Gertz y Zaldívar son altaneros, soberbios, valientes, alentados, briosos, gallardos, airosos” (La Crónica, 02-09-20).

La arrogancia de sentirse libres es ¿una alabanza o una ofensa? ¿un reclamo por la ausencia o un acto político previamente consensado? Lo primero hay que preguntárselo a los mencionados y lo segundo es un misterio sobre el que no tiene sentido elucubrar demasiado.

La frase preocupa y tiene un profundo talante autoritario. ¿Quién ejerce su libertad es soberbio? Hay que recordar que esta forma de ser es un pecado en la tradición católica o una forma de expresión del egoísmo desde la perspectiva del psicoanálisis.

La soberbia es un rasgo de la personalidad típica de alguien narcisista y egocéntrico. Es molesta y dañina y parte de un sentimiento de superioridad respecto a los demás. Gertz y Záldivar, desde la visión del Presidente, ¿se sienten superiores a Él y por eso no asistieron al informe? Si fuera correcta esta interpretación, entonces, las relaciones institucionales no son muy buenas que digamos, ni hay respeto a las autonomías constitucionales, ni hay diferencia con el autoritarismo presidencialista de antaño.

¿Sólo los valientes son libres? La libertad es la condición que se le reconoce al igual. Todos los seres humanos somos libres porque somos iguales entre nosotros. Por lo tanto, la libertad no está vinculada con ningún sentimiento, ni actitud. Todos los hombres y mujeres debemos ser respetados en nuestra libertad y no debiéramos ser sancionados por ejercerla, salvo que se cometa un ilícito.

Las personalidades autoritarias sólo le reconocen la libertad a los valientes que son los que tienen el ánimo o la posición de poder para confrontarlos. ¿Acaso la ausencia de Gertz y Zaldívar es el comienzo de un distanciamiento con los reiterados mensajes de las mañaneras que insinúan un comportamiento esperado por la Presidencia de la Fiscalía y el Poder Judicial Federal?

¿La libertad es un sentimiento de altanería? No. Es un derecho humano fundamental que es la base de las sociedades democráticas y es el sustento de la auténtica autonomía de la voluntad y del derecho. Los órganos estatales no son libres, son autónomos. Esta es la primera confusión en la que incurre el Presidente.

Las instituciones no deben ser dirigidas por altaneros, sino por personas libres que cumplan con responsabilidad el encargo que se les encomienda. Un servidor público en una democracia por antonomasia no debe ser soberbio, eso se llama prepotencia, y si un servidor público utiliza su libertad para sentirse altanero en el ejercicio del cargo es reprochable.

La autonomía de un órgano del estado ejercida por un altanero se convierte en un poder despótico y arbitrario. En realidad, el Presidente regañó públicamente al Fiscal General y al Presidente de la Corte en su estilo muy displicente.

La frase presidencial fue ¿un error por ignorancia semántica o tuvo una intencionalidad política? Cualquiera que sea la respuesta, el silencio de los ausentes es sospechoso de un colaboracionismo fingido -la ausencia pactada- o una gran soberbia que conduce a la incomunicación institucional que no beneficia a la 4T. Ambas indeseables.

Los mexicanos ejercemos nuestra libertad y exigimos que se respete no como un acto de “arrogancia para sentirnos libres”, sino el sustento básico de una sociedad democrática. Es un derecho, que siempre está amenazado por la tentación autoritaria de los poderosos y siempre exige que la sociedad y las personas estemos atentas ante cualquier intención de limitarla ilegítimamente.

El reduccionismo propagandístico no debe ocultar la gravedad de la frase en las circunstancias en la que se pronunció. No es un lapsus, es una actitud que día a día se confirma. La libertad de las personas y la autonomía de las instituciones pareciera que estorbara en la consolidación de proyecto de nación del grupo en el poder.

Este artículo se escribe y publica en ejercicio de la libertad de prensa. No es una expresión altanera, ni soberbia para defender privilegios como puede interpretarse en la lógica presidencial y sus seguidores incondicionales. Repito, la frase no es un error, es una actitud estratégica y los aludidos hacen mutis.

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