Opinión | La narrativa poselectoral

Después de la jornada electoral siguió la competencia entre “Va por México” y “Juntos Hacemos Historia” para apropiarse de la narrativa y tratar de convencer a la ciudadanía de quiénes habían ganado y quiénes perdido, aunque lo cierto, es que los números son fríos y no se necesitan mayores argumentos para interpretarlos.

La coalición del Presidente conservó la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados con casi 30 curules menos, circunstancia que le complicará, un poco más, construir mayorías calificadas cuando promueva reformas constitucionales en relación a como lo ha hecho en la actual Legislatura.

La oposición convocada por Claudio X. González no logró su cometido principal que era quitarle a Morena y aliados la mayoría absoluta para poder redimensionar el Presupuesto de Egresos y obligar al Presidente a negociar con ellos para que le aprobaran los recursos suficientes para seguir financiando sus obras prioritarias, en ese aspecto fracasaron.

De las 15 gubernaturas la coalición del Presidente obtuvo 11 de estas, 2 el PAN, 1 el PVEM y otra más MC; numéricamente otra derrota más para “Va por México”, principalmente para el PRI que no logró conservar ninguna de las que ya tenía y menos aún obtener alguna nueva; el mapa electoral del país cambió radicalmente.

En la Ciudad de México “Va por México” logró un buen avance, se hizo viral la imagen en que el territorio de la capital quedó dividido exactamente a la mitad, circunstancia muy conveniente para sus habitantes, ya que los alcaldes tendrán que competir entre ellos para contrastar cuáles gobiernan mejor, innovan más y tienen mayor creatividad.

La correlación de fuerzas, sin duda, favorece a Morena, ya que tendrá el control de más de la mitad del territorio nacional y de la mayoría de los congresos estatales, factor que le permitirá consolidarse regionalmente como el partido que ya empieza a mostrarse dominante.

La Unidad de Inteligencia Financiera y la Fiscalía General de la República seguirán siendo la “Espada de Damocles” sobre una oposición históricamente corrupta que tiende a abusar del poder público cuando lo tiene; las órdenes de aprehensión, el congelamiento de cuentas bancarias y las investigaciones fiscales y penales seguirán formando parte de esta nueva normalidad en la que ya no existe la complacencia ante la corrupción que emergía del despacho presidencial.

El principal problema de la oposición es que no cuenta con grandes liderazgos ni con un discurso consistente que vaya más allá de criticar lo que dice o hace el Presidente de la República, esa carencia no les ha permitido mostrarse como un contrapeso real frente a la toma de decisiones de López Obrador.

A tal grado ha llegado la crisis opositora que sus principales voceros son Vicente Fox, Felipe Calderón y Diego Fernández de Cevallos, todos ellos, personajes que representan un pasado bastante cuestionable; si la oposición quiere salir de la marginalidad política que no logró superar en la jornada electoral pasada, lo menos que debería hacer es impulsar liderazgos que tengan las capacidades y la preparación para irrumpir en el debate público nacional y puedan ser tomados en serio por la ciudadanía.

@ernestoescobosa

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