Opinión | La polarización y las coaliciones

Por primera vez en la historia de la democracia mexicana la elección será básicamente entre dos bloques partidistas, en el que uno estará integrado por el PRI y el PAN, circunstancia que se venía delineando desde hace un par de años debido a la polarización y a las posiciones abiertamente contradictorias entre el Presidente de la República y los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y el de la Revolución Democrática.

La interrogante es ¿Cómo recibirá el electorado a una alianza en la que van juntos el PAN y el PRI?, tomando en cuenta que el Partido Acción Nacional fue fundado como el opositor natural al Partido Revolucionario Institucional y que jugó ese rol político durante varias décadas en las que el debate público era entre revolucionarios y reaccionarios; el PAN siempre manejó un discurso en el que señalaba que los priístas eran corruptos y la causa de todos los males del país.

Morena por su parte pretende coaligarse con el PT y el Verde, dos partidos que representan poco y que sus líderes no gozan de una buena reputación; el Partido del Trabajo ha conservado su registro por su política de alianzas, primero con el PRD, coyunturalmente con el PRI que les ayudó a salvar el registro y últimamente con Morena, mientras el PVEM se ha caracterizado por entregarle su membrete al partido que gane la Presidencia de la República, así lo hizo con el PRI y el PAN, tal vez a Morena, por congruencia, le convendría más contender sin esos aliados que poco le aportan y más aún porque las encuestas lo favorecen.

Lo que sostiene al PRI es el voto duro que le queda, bastante disminuido porque sus liderazgos ya no son los intermediarios para hacer llegar los programas sociales a la población; en la vía de los hechos se verá si esos militantes  estarán dispuestos a votar por los candidatos que postule el PAN y viceversa, debido a la animadversión histórica que hay entre los simpatizantes de ambos partidos.

El PAN tradicionalmente ha sido un partido muy ortodoxo y al tomar la decisión de construir esa coalición hicieron una apuesta muy elevada que puede serles muy costosa y más aún porque muchos de sus dirigentes no la aprueban debido a la concepción que tienen del priísmo y lo que ha representado para México.

Los gobernadores panistas tendrán más presión que los del PRI debido al discurso anticorrupción que manejaron en sus campañas electorales lo que los sitúa en una posición muy incómoda debido a que el actual pragmatismo se traduce en una incongruencia ideológica y política.

En la gran mayoría de los estados las elecciones se han definido por décadas entre el PRI y el PAN, ahora con la irrupción de un Morena fuerte y empoderado por haber ganado la Presidencia de la República, el Congreso de la Unión y más de la mitad de las legislaturas estatales en vez de que la disputa sea entre tres fuerzas políticas diferenciadas será entre dos bloques, circunstancia que cambia la correlación de fuerzas, lo que está por determinarse es si será en beneficio o perjuicio de los partidos coaligados.

El PAN, en los últimos dos años trató de posicionarse como una oposición consistente ante la denominada Cuarta Transformación, mientras que el PRI jugó un rol más neutro y menos protagónico; los números en las encuestas de ambos partidos y del PRD no se encuentran en sus mejores momentos, esto aunado a los expedientes de corrupción abiertos a cuadros destacados de los gobiernos emanados de estas tres fuerzas partidistas pueden hacer la diferencia el día de la jornada electoral porque sin duda el discurso de los candidatos de Morena girará en torno a la corrupción que se ha documentado en los últimos sexenios en los que gobernaron el PRI y el PAN.

En este escenario polarizado los nuevos partidos tendrán muchas dificultades para conservar su registro debido a que se perfila una elección en la que el voto útil será definitorio, tanto en las elecciones por las gubernaturas como para la Cámara de Diputados.

@ernestoescobosa

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