Opinión | La Revolución: su ideología y destino histórico

La Revolución Mexicana de 1910 desató el siglo de las revoluciones sociales. ¿Cuál fue la ideología de la Revolución Mexicana y cuál es su legado histórico? Como sabemos, fueron muchos los acontecimientos que provocaron el estallido de la Revolución de 1910; ya mencioné los más importantes en mi artículo anterior. Es incuestionable la aportación de las ideas laboristas que hizo el Partido Liberal Mexicano, liderado por los hermanos Flores Magón; pues planteaban la urgente necesidad de condiciones dignas de trabajo para los obreros: jornada de ocho horas, salario mínimo y derecho de huelga. Por su parte, los precursores agraristas, como el duranguense Calixto Contreras, el coahuilense Lucio Blanco y por supuesto el ícono del agrarismo mexicano el morelense Emiliano Zapata; plantearon enérgicamente sus demandas de reivindicación de los derechos agrarios de las comunidades campesinas, que les habían sido arrebatados por el régimen tirano de Porfirio Díaz. Andrés Molina Enríquez, denunció el problema agrario en su libro “Los Grandes Problemas Nacionales”. Por su parte, el que habría de ser el Padre de la Revolución: Francisco Ignacio Madero González, escribió su libro desafiante titulado “La Sucesión Presidencial”, en el cual planteaba el imperativo histórico de establecer en México un régimen político democrático y que sintetizó en su lema de campaña Sufragio Efectivo. No Reeleccion; en esta tesis estaba proponiendo el derecho del pueblo de elegir libremente a sus gobernantes y renovarlos periódicamente en el ejercicio de los poderes públicos. Así pues, los derechos de la propiedad agraria de los campesinos y los derechos laborales de los trabajadores, constituyen la razón social de la Revolución; mientras que los derechos inherentes a la ciudadanía, proclamados por Madero en el Plan de San Luis, constituyen las bases primigenias de la ideología política de la Revolución. Cabe destacar, las demandas agrarias proclamadas en 1914 por la Convencion de Aguascalientes, en la que  los delegados zapatistas y villistas pusieron en la perspectiva de los compromisos de los gobiernos de la Revolución,  la expedición de leyes agrarias que tutelaran los derechos de los campesinos. También es preciso destacar, el concepto de propiedad agraria de Francisco Villa y que aplicó en la hacienda de canutillo que le entrego el gobierno de Adolfo de la Huerta, cuando se admistió. Este modelo de propiedad agraria fue replicado por el presidente Lázaro Cárdenas, cuando en 1937 constituyó en el norte del estado de Durango justamente sobre tierras que habían formado parte de la hacienda de canutillo, la Colonia Agrícola “Gral. José Aguirre Salas”, entregándoles a los colonos un lote de 40 hectáreas para siembra, por cada colono y el resto como terreno de uso común para la ganadería; los colonos beneficiados que eran ex combatientes de la Revolución, se asentaron en tres poblaciones: “El Encino de la Paz”- donde se dice que villa y obregón fumaron la pipa de la paz-, “La Puerta de Cabrera” y “Potrero del Llano” mejor conocido como “La Boquilla”. También vale la pena recordar, que Francisco Villa planteó en La Convención de Aguascalientes y así lo relata en sus Memorias, el deber de los gobiernos de la Revolución de crear escuelas en todas las poblaciones rurales de México, pues Villa era un convencido de la educación del pueblo, por eso cuando ocupó México en 1914, José Vasconcelos se acercó a Villa para compartirle su proyecto de educación rural. Todo esto lo escribo para recordarle a las generaciones presentes y futuras, que nuestra Revolución de 1910, no fue una furia desatada de violencia sin rumbo; fue la toma de conciencia de un pueblo agraviado por  aquel régimen corrupto y esclavista que fue el porfiriato.

Pero fueron los legisladores Constituyentes de 1917, especialmente los de ideología progresista, los que inscribieron en nuestra ley fundamental, las demandas  sociales y políticas que fueron la expresión ideológica de la Revolución. El artículo tercero garantiza el derecho a la educación pública; el artículo 123 garantiza los derechos de los trabajadores; el artículo 27 garantiza el derecho sobre la propiedad de la tierra y especialmente, como una contribución del poder constituyente, establece la soberanía de la nación mexicana sobre nuestros recursos naturales subyacentes en nuestro territorio. El honor histórico de ejecutar las ideas sociales de la Revolución, las asumió el presidente Lázaro Cárdenas, al desatar el reparto agrario y fortalecer la educación pública, especialmente con la creación del Instituto Politécnico Nacional; pero sobre todo su patriótica decisión de la Expropiación Petrolera. En 1943 se creó el Instituto Mexicano del Seguro Social; durante la posguerra, los gobiernos surgidos del Partido Histórico de la Revolución, iniciaron la red de carreteras en todo el territorio nacional y lo mismo hicieron con la actividad turística. Durante el Gobierno de Adolfo López Mateos, se nacionaliza la industria eléctrica, se crea el ISSSTE, impulsa la educación superior y hace realidad los libros de texto gratuito. El gobierno de Luis Echeverría pone su atención en los pueblos originarios y busca integrarlos al espíritu de nación – en Durango se creó el Plan Huicot-. Finalmente, José López Portillo instituye el programa IMSS-Coplamar, a fin de integrar a las poblaciones rurales marginales al derecho a la salud – Durango quedó incluido en este programa-. Hasta Aquí podemos dar testimonio histórico de la ideología de la Revolución mexicana aplicada desde el ejercicio del poder presidencial y concretada en instituciones que han servido al pueblo mexicano.

Finalmente -como descendiente que soy de siete combatientes de la Revolución Mexicana, dos de ellos desde la etapa Maderista y los demás se incorporaron en 1913 en la etapa constitucionalista-, quiero expresar mi sentido reconocimiento al presidente Andrés Manuel López Obrador, por hacer suyas las banderas políticas y sociales de la revolución que habían sido olvidadas o relegadas al rincón de la historia, por aquellos gobernantes que renunciaron a la línea ideológica de la Revolución. También saludo su decisión de poner el nombre de Felipe Angeles al nuevo aeropuerto de Santa Lucia, ese gran militar de prestigio mundial, que abrazó con vocación y cariño las causas de la Revolución Mexicana y luchó en las filas de la División del  Norte, comandada por el duranguense Francisco Villa.

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