Opinión | La salud ¿es lo primero?

El sábado anterior, con los 644 decesos de personas por covid – 19, México superó el umbral de 60 mil muertes por causa de la pandemia. El pasado 4 de junio, el vocero para el tema de coronavirus y Subsecretario de Salud, Hugo López Gatell había declarado que en “un escenario muy catastrófico” se podría llegar a 60 mil muertos. Ese día, López Gatell declaró: “El mínimo era seis mil, otro escenario era ocho mil, otro era 12 mil 500, que lo presentamos en una conferencia de prensa el 27 de febrero, allá en Lieja, en la Secretaría de Salud, y teníamos así hasta 28 mil, que se redondea a los 30 mil, incluso un escenario muy catastrófico que pudiera llegar a 60 mil”.

Desde aquella fecha de esa conferencia de prensa en particular, hemos ido constatando que las cifras que recitó el mencionado funcionario carecen del más elemental rigor científico y además, al día de hoy, acentúan la fallida estrategia nacional para mitigar los estragos de la pandemia en cuanto al número de contagiados y muertos en nuestro país.

Lejos de tratar de reencausar el rumbo, el gobierno federal ha decidido adelantar los tiempos electorales y cambiar el enfoque de la discusión nacional, poniendo sobre la mesa el tema de la lucha contra la corrupción. Al espectáculo mediático que ha significado la captura de quien fuera Director de Petróleos Mexicanos, en el sexenio de Enrique Peña Nieto, Emilio Lozoya, se agregaron nuevos capítulos como la “filtración” de un video en el cual aparentes colaboradores de algunos connotados ex legisladores y exsenadores panistas reciben escandalosas cantidades de dinero.

Un par de días después, se da a conocer un par de videos en los cuales se puede ver al hermano menor del presidente de la república, Pío López Obrador, recibir dinero de manos de quien fuera colaborador externo del gobierno de Chiapas, Felipe León.

Los videos tanto de Lozoya como los del hermano de AMLO, evidencían actos de corrupción, pero el gobierno de la 4T los mide y califica con dos  varas diferentes.  Las filtraciones del video y  la denuncia de Lozoya representa, en términos legales, un atentado en contra de la autonomía de la Fiscalía General de la República, así como de los principios llamados debido proceso y presunción de inocencia, los cuales y a decir del manejo que se ha realizado, les parecen despreciables.

El presidente López Obrador está más preocupado en generar una condena social, linchamientos mediáticos tumultuarios con la finalidad de, primero sacar raja electoral y, segundo, para minimizar la tragedia que enluta a más de 60 mil familias en todo el territorio nacional.

Por otro lado, ante los videos de quien se comienza a nombrar como el “hermano incómodo”, López Obrador pretende minimizar un acto tipificado como delito electoral. Uno de sus argumentos fue el que “puede significar dos millones de pesos”, frente a los supuestos 200 millones de dólares que se afirma Lozoya repartió cuando PEMEX compró una planta obsoleta y en malas condiciones. En otras palabras, AMLO estuvo a nada de decir lo que señaló el exalcalde de San Blas, Nayarit, Heladio Ramírez, “Layín” a mitad de un mitin: “Sí robé, pero poquito”.

Ojala y la 4T rectifique el rumbo, ponga una pausa a temas mediáticos con fines electorales y canalice sus esfuerzos en contener los estragos económicos y de salud entre la población.

Ojala y que en el ámbito local las autoridades no  continúen con esa tendencia de armar casos y litigar en medios con fines meramente electoreros y generando distractores. El 31 de mayo en nuestro estado había 372 casos confirmados y 47 defunciones. Hoy, casi tres meses después, las cifras se han multiplicado a 5,867 casos confirmados y 391 defunciones en nuestro estado.

Paremos un poco. Primero es lo primero.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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