Opinión | La soberbia de los partidos tradicionales, no les permitió reorientarse 

La coyuntura política en México, a partir del 2018 merece, ser estudiada por especialistas en la materia. Ciertamente que los partidos tradicionales, PAN, PRI, PRD eran rechazados por la ciudadanía desde hace décadas: no eran creíbles, ni confiables, ni opcionales, ni nada. Las cúpulas de los partidos lo sabían muy bien, pero era más fuerte su ambición económica y su ansia de poder.

Saberse dueños del país al servicio de las oligarquiza, eso les daba estatus y un confort de fantasía, vivían en esferas de cristal, construyendo castillos de arena, vulnerables a la decisión popular que en cualquier momento los aniquilaría, como así sucedió.

Muchas veces quienes escribimos ya sea en medios nacionales o locales, expresamos el imperativo de que los partidos hicieran un alto en el camino para replantearse todo, fundamentalmente su relación con los ciudadanos, entender sus necesidades, apropiarse de sus sueños, ayudarlos a luchar por ellos. Por el contrario, cada vez se hacía más grande la brecha con ellos.

El pueblo esperó décadas, surgió el líder que interpretó la inconformidad retenida por muchos años. Imposible que los partidos tradicionales pudieran detener la avalancha que los sepultó en las elecciones del 2018, luego en las intermedias del 2021; la lectura es que seguirá pasando, porque PAN y PRI solo existe en la fantasía de los pocos que aún lucran con los dividendos que aún producen la franquicias.

El dirigente nacional del PAN, en un proceso de fuerte desgaste, es incapaz de entender que como líder cada vez está más devaluado, lo más grotesco, es soberbio. Marko Cortés, es incapaz de entender la gravedad de que un día y otro también, un diputado federal, un senador, o integrantes de legislaturas locales, abandonen al PAN y se integren a otros partidos, muchos a Morena, algunos se declaren independientes o formen fracciones al margen de las del PAN.

La inestabilidad del PAN tiene tiempo, en un articulo publicado en el Heraldo, el periodista Arturo Rodríguez García, hace una investigación en la que nos dice qué en quince años, el PAN ha tenido seis presidentes electos, que una vez fuera del PAN, han cancelado su vida política, incluso, incursionado en otros partidos como es el caso de Manuel Espino en Morena. Esos dirigentes tenían grupo, fueron excluidos y marginados con criterio aniquilante. El costo político es bárbaro.

Ahora, el PAN se atomiza, se desprenden grupos disidentes a la dirección nacional, que sin abandonar el PAN rechazan a sus dirigentes. Surge el grupo “Humanismo y democracia” integrado por ex gobernadores y ex legisladores. Proponen reformas a estatutos para que no lleguen a la dirección del PAN personas “ajenas a su militancia y principios”, proponen segunda vuelta en elecciones internas para que no se manipulen los padrones. No es más que lo mismo, pelean el poder político, no el cambio de fondo, de un barco que solo los tubos de las chimeneas llenas de ollín se les ven, en su dramático hundimiento.

En el PRI van de mal en peor, después de expulsar a Ulises Ruiz, que condena el actuar de su dirigencia. El dirigente nacional Alejandro Moreno ve como se atomiza su partido y se crean también grupos disidentes como el “Frente Nacional para la refundación”. Uno se pregunta, sin en la soberbia política Alito, también los va a expulsar.

Hay una sombra mas grave en torno a legisladores PAN que invitaron al dirigente del partido conservador de España “VOX”, Santiago Abascal, al que recibieron en el senado para firmar la llamada “Carta Madrid”, por ese motivo, el diputado Felix Salgado Macedonio de Morena, pedirá que  sean juzgados por traición a la patria y lo sustenta constitucionalmente. Si prospera la acusación, lo que queda del PAN se verá envuelto en otro escándalo, y el PRI en la ignominia política. O no.

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