Opinión | La tesis de un acto fallido

Pensé que estaba viendo una parodia barata. Pensé en mi inocencia de joven, que aquella broma era de mal gusto. Un fregadazo me voltio la jeta, escupí los dientes con sangre al suelo. — Qué te pasa —le dije al que me pegó—. — Estás hablando del Sr. presidente—. Recogí mis dientes y me corrí riendo (jaja) como el Joker a escribir esto. Antes de entrar de lleno al duro y dale, déjenme decir esto; si bien no lo digo con todo respeto (sin ánimos de ofender) sin duda algo es cierto: nadie insulta mas al presidente que el presidente a sí mismo. Dicho eso, rezados diez aves marías y habiéndome enjuagado el hociflais con agua bendita, procedo a exponer mi tesis que quizá peque de freudiana.

  Acto fallido, también llamado “la cajeteada” o “el cruce de cables”, es cuando quieres decir otra pero dices una cosa. Así, simple, sin meternos mucho en el por qué de las cosas.

  En contra de mi voluntad he visto episodios chuscos en la vida cotidiana del presidente. De todos puedo disertar, pero sería incorrecto; como buen 100tifiko enmarcaré la esencia de esta reflexión en medio de dos “accidentes”, fáciles de identificar y que hasta un mono puede entender y juzgar.

  El primero es el mas gracioso. Un saludo a los reporteros que no estallaron de risa in situ. Para no hacerla larga, un periódico publicó el precio del peso en X cantidad de dólares. Tristemente estaban equivocados, o como dijo el presidente “mintiendo de manera sistemática”, lo bueno es que, como todo jefe de estado él está “muy al pendiente de los acontecimientos económico financieros.” Entonces fue, nuestro señor presidente, en persona, a verificar si la información de aquel periódico era cierta. “y voy —dice—, y afortunadamente no es así. Estaba (más elevado)”—. Y después de eso, como habiéndose dado cuenta del error, empieza a decir que como mienten y blah blah blah. ¿Alguien mas notó el tremor de su voz? ¿Alguien mas vio la senectud en su rostro, dudando de quien es y donde está parado? ¿no? ¿Nomás yo? Bueno pues…

  El otro incidente me preocupa bastante. Como buen aprendiz de los pensadores dialecticos he llegado a dos teorías: O los que le escriben los guiones al presidente lo están saboteando, o sencillamente el señor no sabe ni lo que dice y anda por ahí tropezando con su propia cola. ¿Cómo así? Permítame explicarme.

Mas o menos así dijo, no pienso quemarme neuronas viendo otra vez aquella pieza de material que lo compromete moralmente. Mas o menos así dijo:

— ¿Cómo van a dejar obras inconclusas? Nos dejaron un montón de infraestructura comenzada, nada más para que lleguemos y les demos el recarpeteado ¿cómo es posible? Nosotros no vamos a dejar ni una obra suelta como nos dejaron a nosotros. ¿Cómo voy a cancelar obras que ya tienen inversiones millonarias? Y que no se qué y que no se qué… Voy a terminar todas las obras que dejaron empezadas.

Díganme que si se dieron cuenta esta vez.  A mi me sorprende que no se muerda la lengua todas las mañanas. A mi me sorprende que pueda con el pánico que se siente pararse frente de una audiencia sin saber nada. A mí me sorprende que no se le baje la presión o que el chicloso no se le aguade o lo que usted quiera. A mi me sorprende que ese señor sea mi presidente.

  ¿A usted no?

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