Opinión | Las alianzas de Morena

Morena establece alianzas, es la estrategia política en tiempos electorales, sus aliados El Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PV). Esta alianza puede darle el plus a Morena para aventajar en estados en que la disputa sea apretada, aunque el PT registre bajo capital electoral, los cinco puntos que pudiera aportar su fundamentales, mientras que el PV, con mejor aceptación, puede darle en algunos estados hasta diez puntos. Sumados serían de diez a trece puntos, importantes para aspirar a tener la mayoría absoluta en la Cámara baja.

Al igual que el PAN, que enfrenta rechazos de la militancia para aliarse al Partido Revolucionario Institucional (PRI), Morena encuentra resistencia para candidatear a quienes vienen del tricolor, esto se acaba de presentar en Nuevo León, donde un grupo rechaza a la alcaldesa de Escobedo Clara Luz Moreno, para la gubernatura, no obstante que ella se separó del PRI y cuenta con buena aceptación ciudadana que la coloca como la posible candidata más posicionada.

Las alianzas no implican sumar fortalezas, sin fortalecer posicionamientos, o, meterse en la competitividad, incluso, salir lo mejor librados de una contienda y hasta conservar registros locales o nacionales. Son diferentes variantes las que se plantean como objetivos en una alianza.

Una alianza implica ceder, encontrar puntos de equilibrio en una negociación. En el caso de la posible alianza Morena-PT-Partido Verde, que es la más sólida, son cotos electorales propios de cada partido, mientras que la derecha, con excepción del PRI, pueden ser los mismos electores con el PAN, Frena, México Unido, todos por México, son variantes de una misma corriente que siempre a hecho bloque electoral con el PAN. 

De la alianza derechista, no se ve una suma de votos significativa, incluso, podría tener resultados adversos con es el caso de Frena y Unidos por México, que vienen de derrotas claras, los primeros en una lucha social fracasada, los segundos, un registro truncado.

No hay muchas opciones para quienes rechazan las alianzas de Morena, irse a otros partidos suena absurdo, quizá solo quieran negociar posiciones, no pasa de allí, pero, en el caso del PRI es letal, la salida de dirigentes lo debilita al grado de poner en riesgo su presencia en el abanico político nacional, ante la posibilidad de perder el registro.

Le dio temor al PRI hacer una estrategia de deslinde ante los casos de corrupción de su partido, esto, con buen trabajo estratégico lo hubiera podido dar cierta fortaleza y avanzar en la credibilidad perdida. No lo hizo en su momento, ahora solo la juega al crítico sin mucho soporte moral.

El PAN desdeña la debilidad que le da su pasado, los señalamientos contra Felipe Calderón ampliamente documentados por periodistas y escritores son un lastre, más, cuando prometen recibirlo con alfombra roja, lo cual los aleja de un elemento fundamental para tener votos, la honestidad.

PAN y PRI están sumidos en un fuerte señalamiento por parte de quienes formaron parte del modelo político pasado, es lo relacionado al asalto del poder, como dijera un analista, con dinero de programas sociales, con triangulación, con esquemas como la estafa maestra, es decir, si el entonces IFE hubiera aplicado las leyes, nunca debería haber tenido el poder, porque lo hicieron a través de métodos delictivos.

Los legisladores señalados de haber recibido dinero de Pemex a cambio de aprobar las reformas estructurales de Peña Nieto es algo pendiente, si la burbuja estalla antes de las elecciones del 2021, como podría suceder con el caso de Emilio Losoya Austin, Genaro García Luna, Emilio Zabadúa, más lo que se acumule, las consecuencias electorales serán fatales para PAN y PRI. O no.

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