Opinión | Las elecciones se acercan, hay que votar de volada

Hoy, la derecha ataca al gobierno federal y al presidente López Obrador usando la pandemia. Desde nuestro punto de vista es una visión mezquina usar una tragedia como arma, y, a la vez, con ello intentar recuperar el poder arrebatado por los ciudadanos en las urnas.

Esto se debe ver como una normalidad dentro del contexto de la lucha de ideas, de intereses, de concepciones. La derecha tiene una clara idea de que el poder sirve para favorecer grupos selectos, generar elites, construir delimitados sectores que se beneficien.

La derecha no tiende un proyecto social, por el contrario, tiene una visión que minimiza a los sectores más desprotegidos y justifica su visión de elite, argumentando que los pobres lo son porque quieren, por flojos, por ignorantes y muchas cosas más.

Por lo tanto, consideran que ellos son los que merecen lo mejor, sin importar a quienes sacrifican, ni los métodos para obtenerlo. Esto trae como consecuencia el deterioro social, ya que las vías de enriquecimiento, desplazan toda ética, pasan sobre la moral, la explotación se vuelve cínica e irracional. Por eso, los salarios miserables que se pagaron por décadas se veían como cosa normal, y las condiciones de miseria económica, de salud, de educación, de las familias de los trabajadores del campo y la ciudad, lo que veían como cosa normal y hasta merecida.

En el paso que tuve como militante de la izquierda, llegué a conocer personas que se escandalizaban porque hubiera militantes de izquierda vestía bien, comía bien, vivía en buena casa, tenía satisfactores como carro etc. Para ellos, la izquierda debería ser sinónimo de pobreza, de marginación, que deberían ser excluidos porque solo la derecha tenía derecho a los bienes materiales.

Su visión se replica en todo: sobre la corrupción, la salud, la educación, el trabajo, el salario, el arte, la cultura y la pandemia. En la medida en que las políticas públicas benefician a los que más lo necesitan, en que aumentan salarios, se abren espacios educativos, se señala la utilización de recursos para unos cuantos, se extienden la política social a los sin futuro. En esa medida crece la indignación de la derecha, incapaz de entender al estado como instrumento de equidad y justicia.

La derecha tiene matices, al igual que la izquierda, o los demócratas, o nacionalistas. Hay derecha que sabe que hay que ceder, que no se puede tener siempre el mismo método, las mismas estructuras, las mismas condiciones. Que éstas condiciones varían, que hay que insertarse en ellas para poder conservar su bienestar sin caer en los tradicionales abusos que durante décadas les dieron tanto. Hoy, también hay una derecha que sabe que se trata de aflojar la cuerda, porque el movimiento social así lo exige.

Iniciamos la columna con la pandemia como instrumento de ataque. Hasta ahora, la derecha no ha llegado muy lejos, la correlación de fuerzas no los beneficia. veremos endurecerse la beligerancia, saben que están en el momento crucial de impedir que se vuelva a presentar el fenómeno de insurgencia popular electoral del 2018.   

El PRI y el PAN se enfrentan a una sencilla pregunta. garantizarían que todo se hiciera muy bien. La alianza de derecha tiene un enorme reto, convencer a la mayoría de los ciudadanos que no solo son acusadores, sino que son garantía de bienestar social, que con ellos está garantizado el derecho a la salud, al salario, a la educación, a la vacunación, a la seguridad, la democracia. Por lo pronto, se percibe que los ciudadanos no están convencidos de ellos. Se deben apurar, el tiempo corre, las elecciones se acercan, hay que votar de volada. O no.

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