Opinión | Las vacunas: esperanza de la humanidad

La salud es un derecho no un privilegio

La pandemia COVID-19 desatada en china a finales del 2019, sorprendió a todos los pueblos del mundo y ningún gobierno estaba preparado para enfrentarla, ni siquiera los de los países más poderosos; pues se trata de una enfermedad inédita, cuyos efectos virulentos han sido imprevisibles. Como sabemos, en el Reino Unido ha aparecido una variante y se dice que también en Brasil. En este escenario adverso para la salud de la humanidad, los científicos médicos de los países más avanzados, se han aplicado con toda su capacidad intelectual y apoyados en la tecnología de los laboratorios farmacéuticos en los que trabajan, han desarrollado ya diversas vacunas para combatir y neutralizar los efectos dañinos que causa el virus SARS-COV-2. Ante esta emergencia sanitaria, el gobierno de México que preside Andrés Manuel López Obrador y con el apoyo del equipo de científicos médicos que forman parte del sector de salud pública, bajo la conducción del secretario de salud doctor Jorge Alcocer y del sub secretario Doctor Hugo López Gatell, así como de los directivos de las instituciones de salud pública y de las instituciones médicas especializadas; diseñaron un plan estratégico integral, que involucra también a las autoridades de salud de las entidades federativas, para enfrentar  a esta terrible enfermedad buscando atender y salvar las vidas de las personas infectadas por este virus. En este esquema de planeación anti COVID-19, nuestras autoridades de salud han establecido diversas medidas preventivas y de respuesta hospitalaria para enfrentar esta enfermedad: Una campaña permanente de concientización, para que hagamos del lavado de manos un hábito cotidiano; el uso del cubre bocas y guardar la distancia física en nuestra relación interpersonal en todos los escenarios de conglomeración humana. En cuanto a la respuesta hospitalaria, los esfuerzos del gobierno y la entrega abnegada del personal de salud de los hospitales dedicados a la atención de pacientes COVID-19 –públicos y privados- son dignos del reconocimiento público; pues en pocos meses lograron acondicionar y equipar con camas y ventiladores a numerosos hospitales en todo el territorio nacional; también vale reconocer los miles de médicos y enfermeras que han sido contratados y capacitados para cubrir el enorme vacío existente, de estos profesionales, en nuestro sistema de salud pública. Cabe destacar la actitud pro activa del presidente de México –operada por su equipo de salud y por el secretario de relaciones exteriores- para gestionar y firmar contratos oportunamente, con diversas empresas farmacéuticas, para la adquisición de vacunas anti COVID-19; vacunas que ya se están aplicando, conforme al PLAN NACIONAL DE VACUNACIÓN, en el orden de prioridades recomendado por los organismos mundiales de la salud y que es el siguiente: personal de salud que labora en los hospitales COVID; adultos mayores; personas que padecen comorbilidades; personal que labora en las escuelas; y finalmente el resto de la población mayor de 16 años.

Finalmente; a propósito de la idea de regresar a clases presenciales. Tomando en cuenta las recomendaciones de los organismos internacionales de salud y de algunos países desarrollados, quiero compartir estas reflexiones: mientras no esté vacunada  la mayoría de la población, sería una imprudencia de consecuencias incalculables, regresar al sistema de clases presenciales en las escuelas; en este momento, ni siquiera el semáforo verde es garantía para preservar la salud de alumnos, de maestros y demás personal que labora en los centros educativos; por eso reconozco la prudencia de las autoridades de salud de Campeche. También quiero comentar, que en USA han diseñado un método progresivo para el regreso a clases presenciales –que iniciaría con un sistema mixto, alternando las clases impartidas mediante plataformas digitales y las clases presenciales en el aula-; y que además de observar todas las medidas preventivas de higiene, las clases deberán impartirse en espacios libres como las canchas y campos deportivos; y así mismo, deberá observarse la técnica de reunión de lo que llaman “grupo burbuja”, a fin de evitar el posible contagio del COVID-19 entre los alumnos y el personal docente.

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