Opinión | “Lo que diga mi dedito”

Por Mariano Cervantes

La operación política de la dirigencia del PRI terminó por imponerse; es algo en lo que este partido tradicionalmente ha tenido ventaja sobre los demás, en la capacidad de hilar fino, conciliar, concertar, negociar y lograr acuerdos. La práctica convertida en maestría para “comerse lo que les sirvan sin hacer gestos”…y no son sapos.

Un importante tanto a la cuenta de Arturo Yáñez, desde luego con el refuerzo del colmillo de Manuel Cavazos, consiguiendo que todos los que se apuntaban, Rubén Escajeda, Azucena Triana, Héctor Arreola, Ricardo Pacheco y hasta a Enrique Benítez, se abstuvieran de participar en el proceso interno de selección, dejando el camino libre a Esteban Villegas para quien esto será un mero trámite y el próximo seis de febrero será ungido “por aclamación” en su convención de delegados.

Ser abanderado por el PRI no significa que en automático vaya a ser el candidato de la alianza, aunque Amlito Moreno haya declarado que tal propuesta le corresponde al tricolor. Al menos para el aspecto legal, todavía debe agotarse el trámite del levantamiento de encuestas para definir quien será el candidato de la alianza Va por Durango. Mero trámite, dirán algunos, pero así son las formalidades.

A diferencia de lo que pasó con Morena y sus aliados, entre el PAN, PRI y PRD parecen haber dejado claro qué variables de la medición serán las que determinarán la candidatura. Se anticipa que se medirán tres factores y se entendería que van a dos de tres. El candidato sería el que esté más arriba en por lo menos dos de los tres cuestionamientos que se realizarán.

La primera variable será la que se refiere al posicionamiento o conocimiento que la población tenga de los precandidatos; quién es el más conocido o popular. Un segundo factor sería, quién de ellos tiene más posibilidades de crecer durante la campaña. El tercer elemento a ponderar sería el de la unidad, y se refiere a valorar cual de ellos tiene más posibilidades de recibir el respaldo de los grupos y liderazgos de su propio partido y de que se sumen a él los de los otros partidos aliados.

No olvidan que en Morena aplicaron la de “ustedes pidan la que quieran y yo canto la que me de mi chingada gana”: hacemos encuestas, que la gente opine y al final la candidatura será para quien diga mi dedito.

Desde luego que los acuerdos políticos pueden ir mucho más allá de lo que se firme en el papel; puede haber amarres o compromisos no escritos y eso es parte del juego; pero en estos tiempos y con la competencia que se viene, no pueden darse el lujo de postular un candidato a partir de acuerdos cupulares, que podrían y que eventualmente los tienen; pero deben darle forma, armar un expediente que vista de democracia y de transparencia la selección y así distinguirse de los desaseos en las designaciones de Morena, donde los intentos de parecer democráticos han quedado en pantomima. Insistiendo en que todo cuenta.

Se anticipaba que el PRD también habría de presentar una propuesta para participar en la encuesta; se dieron incluso algunos nombres, pero las proyecciones apuntan a Esteban y al panista Héctor Flores. El perfil y los méritos personales de ellos en todo caso se reflejarán en la encuesta o en todo caso ya habrían sido valorados a estas alturas si la decisión está tomada por las cúpulas partidistas y quien resulte seleccionado deberá enfrentar a la virtual candidata de Morena. Las intenciones de José Ramón Enríquez de echar abajo la postulación de Marina Vitela no parecen tener futuro, no porque le falte razón, sino porque la decisión es un dedazo presidencial al más clásico estilo del viejo PRI y la voluntad suprema del presidente López, dueño de Morena, es inapelable.

Un factor a tomar en cuenta será la participación de un tercer candidato, o más probablemente candidata, por parte de Movimiento Ciudadano, que con toda seguridad incidirá en el reparto de los votos, restándole a una u otra coalición e incluso hasta podría dar la sorpresa en los resultados.

Por lo pronto el PRI se definió, Benítez no se registró y ya no puede quejarse. Falta ahora que Villegas logre sobreponerse a los errores de su anterior elección por la gubernatura en la que efectivamente sí fue impuesto como candidato sin merecerlo, con las consecuencias ya conocidas.

@MCervantesM

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