Opinión | López Obrador se queda

Jesús Nevárez 

Finalmente se llevó cabo el ejercicio democrático de la revocación de mandato, para que la ciudadanía emitiera su voto a favor o en contra de que siga en la presidencia López Obrador. Desde que el presidente lo propuso hace más de una década la revocación, el camino para realizarla fue tortuoso.

Como todo lo que está sucediendo en México, se enfrentaron las dos visiones, la del cambio, contra la derecha, reivindicadora de los privilegios para unos cuantos.

Escuche a un analista del Canal Once, decir que la revocación es uno de los actos ciudadanos, después del voto directo, nosotros agregaríamos que también después del voto a la mujer. La revocación es un proceso de empoderamientos ciudadano que da un paso adelante para decisiones políticas de nuestro país.

En este primer ejercicio histórico, se hicieron presentes los que de manera beligerante estuvieron en contra y los que estuvieron a favor. Una vez más, López Obrador lucho en condiciones de fuerte agresividad de la derecha moderada y la derecha radical moderada, contaron como aliado con el derechista Instituto Nacional Electoral (INE), que, sin rubor, terminó por poner todos los obstáculos posibles para que el ejercicio no se realizara.

La derecha transitó por varias posiciones, desde que: la reforma electoral era anticonstitucional, que saldría muy cara la revocación, que era una farsa, que era una revocación de estado, marchas con pancartas, mantas y banderolas en contra, con el soporte de apoyo muy militante de los “periodistas” funcionales.

Todos, intentando que no se realizara el ejercicio, después, desalentando la participación. La derecha no ha dicho cuánto gastó en su proyecto anti revocación, lo cual lo debería de hacer público ya que presumen ser transparentes.

Se desarrollaba la votación, y la derecha usó varios ardides, desde difundir fotos de casillas solas, último esfuerzo para desalentar, manejó de traslado de gente, compra de conciencias, amedrentamiento, y otras denuncias públicas que reflejaban cierta angustia.

Una vez que se dieron a conocer las encuestas de salida, el nerviosismo de la derecha se convirtió en esquizofrenia. Millones de ciudadanos acudieron a sufragar, no obstante, las dificultades que representó, que más de noventa mil casillas no fueran instaladas, los números fluían, la derecha neurótica gritaba que López Obrador había perdido más de quince millones de votos, estuvieron a punto de decir que esos votos ya eran de ellos.

Les falló el análisis, contemplaron el cien por ciento del padrón, cuando en México muy rara vez, o quizá nunca ha llegado al 60%. Si tomamos en cuenta el 50% de ciudadanos que participan en un proceso electoral, los más de 17 millones de votos emitidos aumentan considerablemente su porcentaje.

Compararon un ejercicio que por primera vez se realiza en México, con la elección constitucional del 2018, en donde hubo más de noventa mil casillas más. Esto hizo que a muchos ciudadanos les quedaran alejados los centros de votación, que hubiera comunidades sin casillas, que en último momento se cambiaran de dirección alguno centros de votación.

Vinieron los comparativos, en la revocación de mandato votaron más por López Obrador que por Ricardo Anaya del PAN y José Meade del PRI en el 2018. Como partidos políticos, PRI y PAN se ven seriamente amenazados por los resultados de la consulta. López Obrador, se queda, así lo decidió más del 90% de los votos. O no.

 

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