Opinión | Los corruptos

La llamada telefónica que se filtró hace algunos años en la que los ahora gobernadores panistas de Queretaro y Baja California Sur eran candidatos y hablaban de que el “Sr. Kors” les entregaría “6 Kilos” al mes, o sea seis millones de pesos mensuales mientras duraran las campañas electorales, adquirió un particular significado después de las declaraciones que ha hecho Emilio Lozoya en cuanto a los sobornos a ex senadores panistas para que aprobaran la Reforma Energética y se dieran las condiciones constitucionales para que diversas empresas, nacionales y extranjeras, pudieran hacer negocios ventajosos a costa del quebranto de PEMEX.

El “Sr. Kors” resultó ser, ni más ni menos, que Miguel Ángel Osorio Chong, ex Secretario de Gobernación y ahora coordinador del grupo parlamentario priísta en el Senado de la República; uno de los dos principales operadores políticos de Enrique Peña Nieto. Lo paradójico de esta trama de corrupción e impunidad, es que el gobierno priísta financió, al menos, dos campañas a gobernador para que ganaran los panistas sobre los candidatos del PRI, esto, sin lugar a dudas confirma las añejas acusaciones del ahora Presidente de la República sobre la existencia de una “mafia del poder” denominada “PRIAN”, en la que personajes de ambos partidos coexistían para repartirse el poder y el dinero público.

El debate ideológico hace años que desapareció de la agenda pública, cada vez se hizo más notorio que la búsqueda del poder se circunscribía a tener la posibilidad de realizar negocios con el gobierno y desde el gobierno; la política y el servicio público se convirtieron en medios para enriquecerse ilícitamente con escasos riesgos debido a los pactos de impunidad que se han construido en las últimas décadas.

Se volvió normal en todos los ámbitos que cualquier político o funcionario amasaran grandes fortunas “inexplicablemente” en un periodo muy breve de tiempo; el enriquecimiento ilícito desde el poder público empezó a ser la regla y no la excepción, surgió además una clase empresarial emergente que iniciaba negocios sexenales sin capital y al termino de las administraciones ya tenían en sus haberes millones de pesos gracias a los contratos preferenciales y a las licitaciones truqueadas; mientras tanto, los verdaderos empresarios les tienen que pagar comisiones a los funcionarios para poder realizar labores de proveeduría de productos y servicios para las instituciones.

El saqueo ha sido brutal, eso explica por qué un país tan rico en recursos tiene un pueblo tan pobre que recibe servicios gubernamentales escasos, caros y de baja calidad; las mafias políticas son más peligrosas que los grupos de la delincuencia organizada debido a que utilizan las leyes y las instituciones para delinquir.

Cuando los políticos y funcionarios empezaron a intervenir directamente en las dinámicas del narcotráfico también lo echaron a perder como la actividad ilícita, pero pacifica, que alguna vez fue, ya que propiciaron que la violencia se desbordara debido a que beneficiaban a unos grupos y perjudicaban a otros con tal de obtener mayores ganancias.

A México le urge una gran depuración en la vida pública, la creación de empresas fantasmas y de “despachos factureros” se fomentaron inicialmente desde los gobiernos para poder lavar los activos que se recibían en efectivo como producto de los sobornos y del desvío de recursos; los partidos políticos también han recurrido a estas prácticas para poder cubrir los recursos ilegales en las campañas electorales; la corrupción se convirtió en un concepto de valores entendidos y pactos de impunidad entre los políticos de todos los niveles.

México es considerado en la comunidad internacional como un país con altos niveles de corrupción e impunidad; esta práctica que debilita las estructuras institucionales y el Estado de Derecho se ha convertido en socialmente aceptada, en parte de la normalidad, precisamente porque no existe una cultura en que la corrupción tenga consecuencias jurídicas, sanciones penales y confiscación de bienes como sucede en las democracias más desarrolladas y muchísimo menos corruptas; hoy, al parecer, empieza a darse un punto de quiebre en el que los corruptos, los de siempre y los nuevos, empiezan a preocuparse, no solo porque los están neutralizando política y electoralmente, sino porque por primera vez los están investigando y evidenciando públicamente.

@ernestoescobosa

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