Opinión | Los discursos de antaño, solo para engañar

Jesús Nevárez 

Lo inicios de las campañas para gobernador, cumplieron con los protocolos. A una hora complicada, doce de la noche, suena más a visita de aparecidos y fantasmas, que de mensajes políticos.

Los candidatos, sabiendo lo difícil de juntar seguidores, prefirieron espacios modestos que dieran la impresión de concentración multitudinaria. Laos espacios elegidos fueron para tres mil quinientas a cinco mil personas, hablando de manera optimista.

Recibí la invitación para estar en el inicio de campaña de Esteban Villegas, un amigo del equipo de prensa me habló para decirme que tenía mi lugar reservado. La verdad es que tengo más amigos del PRI que de otros partidos, mi coincidencia con Morena no es causa para enemistades. De Morena no me pelaron, pero si me invitaron desde San Juan del Río. Decidí no ir a ninguno de los dos. Por supuesto que al inicio de campaña de Patricia Flores Candidata de Movimiento Ciudadano (MC), tampoco me invitaron, y que bueno, me salve de un pantallazo en la pura choya.

Estas elecciones son diferentes, porque la realidad política es diferente, crecieron los partidos de derecha con el PRI, y “el verdadero partido de izquierda”, como se hacen llamar los del PRD, la verdad parece solo un falderillo que nadie pela.

Voy a abrir algunas hipótesis que seguramente serán polémicas, iniciando con la pregunta ¿Qué tan importante es el discurso de los candidatos? Nosotros creemos que pasaron los tiempos de las grandes narrativas tipo Don Jesús Sancerrada del PAN, o, Agustín Ruiz Soto del PRI. Eran gente de sólida cultura, que hacían de la oratoria el instrumento de argumentación que arrancaba aplausos, se estuviera o no de acuerdo con ellos. En suma; los discursos de antaño eran solo para engañar.

Pero hace años esa elegancia se perdió y se hizo irrelevante, surgió la generación de los políticos de la cultura escondida, y el discurso oculto. La elegancia del lenguaje y lo sólido de la argumentación, fue sustituido por un manejo discursivo quizá de cien palabras, la mitad de ellas lugares comunes.

Cierto, las campañas eran adornadas por grandes discursos, floridos mensajes, retoricas refinadas, que servían para que ganaran pésimos gobernantes. Eran como las cuentas de vidrio para los ciudadanos, que después eran despojados de su derecho al salario, a la salud, a la vivienda, a la vida digna, ultrajados por los que hablaron bonito en los mítines.

Pero vino López Obrador a inaugurar una nueva forma de comunicación política, sencilla, directa, simple, popular, con la que decía, y sigue diciendo todo. Su método es tan efectivo, que pese a estar permanentemente bajo la metralla de los conservadores, los mantiene a raya, y conserva alta aceptación de los mexicanos.

Escuchamos a alguien que dijo que Marina Vitela no trae discurso, y lo único que repite es el contenido de la Cuarta Transformación. La verdad que pensamos, pues para que quieren más, si baja a terreno estatal el proyecto de López Obrador, si mantiene contacto estrecho con los ciudadanos, si los visita, silos escucha, si los atiende, y lo hace con honestidad, pues el proyecto local baja solo.

Eso no quiere decir que no tenga propuestas, sobre todo algunas emblemáticas en materia de seguridad, salud, educación, empleo, deporte, cultura, arte y obras de infraestructura de fuerte impacto social, no de relumbrón y para meterse dinero al bolsillo. Híjole, se nos acabó el espacio, pero amenazamos con volver a hablar un poco del candidato del Prian, Esteban Villegas. O no

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