Opinión | Los escenarios de Luis Enrique Benítez

Luis Enrique Benítez Ojeda está aproximándose al final de su mandato como presidente estatal del PRI y no porque finalmente haya cedido a las presiones de sus detractores, sino porque está por construir su camino a la sucesión gubernamental, con escala técnica en el proceso electoral 2021.

A Luis Enrique se le presentan dos escenarios, mismos que le fueron planteados desde la oficina principal de Insurgentes Norte allá en la Ciudad de los Palacios. El primero es que juegue un distrito citadino y participar de manera conjunta en el primero o segundo espacios de la lista estatal de representación proporcional para asegurar el ingreso al Congreso del Estado.

El segundo escenario, es que compita como candidato a diputado federal por el distrito 01, región que ya conoce pues además de sus permanentes recorridos, ya fue diputado por esa región de la entidad y además, la presencia de su amigo Ismael en la región de Mezquital, le permitiría lidiar en serio contra Castrellón que es el candidato oficial o Martha Olivia, si es que pretende buscar la reelección por Morena.

Si Benítez logra reinventarse de cara a los juegos de la sucesión gubernamental, sin lugar a dudas, será un actor importante de este proceso, pues es de los políticos más completos que tiene la entidad pues conoce todos los entresijos del poder, tiene amplios conocimientos jurídicos y políticos, lo que le da amplia capacidad de debate y argumentación; sabe como nadie generar polémica y dar de qué hablar en la opinión pública. Es excelente aliado e igualmente, un enemigo terrible, por eso siempre da a elegir de qué lado lo prefieren.

Luis Enrique se curtió como dirigente estatal del PRI, llegó a su conducción en el momento más crítico, pues venía de perder la gubernatura lo que generó una crisis de identidad en muchos de sus correligionarios, quienes anhelaban que Aispuro se convirtiera en un líder moral fáctico del tricolor, para lo cual necesitaban a un priista afín al titular del poder ejecutivo.

Además de todo ello, Benítez se mantuvo a piedra y lodo como presidente del Revolucionario, los golpes que recibió en vez de tumbarlo lo fortalecieron, por ello lo llevan a aspirar a la gubernatura, pero le taladran las palabras del delegado Padilla Márquez: “sin 21 no hay 22”.

Ahora le toca ver qué derroteros le esperan con la alianza con el PAN y el PRD, la cual no se construyó de manera sólida, porque sin lugar a dudas de que el PAN-Gobierno querrá llevar mano en la repartición del pastel en Durango y en esos estiras y aflojes pueda verse damnificado; pero Luis Enrique Benítez es como un patito de goma, de esos que los pueden hundir en el fondo de la bañera y en un tris sale a la superficie; y todo se debe a que desayuna, come y cena política.

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