Opinión | Luz al final del túnel

La pandemia tiene los días contados en Estados Unidos: 106, y se acaba.

Todos los días se inyectan 4 millones 600 mil dosis.

El promedio sigue siendo bajo: 2.4 millones de vacunas diarias, por la irresponsabilidad del entonces presidente Trump, que en diciembre y los primeros 20 días de enero, se desentendió del Covid para ocuparse de su obsesión electoral y de atacar a adversarios políticos y a las instituciones.

A este ritmo, el 2 de julio 70 por ciento de la población tendrá anticuerpos y se habrá alcanzado la inmunidad colectiva.

Es una gran noticia para este país, para el mundo, y especialmente para México por tres poderosas razones y tal vez una cuarta.

Primero, porque 7.5 millones de mexicanos (de origen o nacidos en México) han sido vacunados contra el Covid en Estados Unidos.

Un poco más o un poco menos, depende del avance de la vacunación en estados con mayor o menor densidad de población mexicana.

Treinta y tres millones de mexicanos (de origen) viven en este país de 330 millones de habitantes, de los cuales 75 millones habían sido vacunados hasta ayer (40 millones con las dos dosis).

Muy buena noticia para México, pues incluso los indocumentados (entre 5 y 6 millones) se están vacunando, ya que a nadie se le pregunta la nacionalidad a la hora de inyectarla.

Segundo, porque derrotada la pandemia, la economía de Estados Unidos volverá a despegar con mucha fuerza. Y eso alentará el consumo y con ello la importación de productos mexicanos.

El restablecimiento de la normalidad económica en corto tiempo se deberá, también, al poderoso paquete de rescate aprobado por el Congreso.

Y tercero, porque al despegar la industria, los servicios y la actividad agrícola, las remesas que mandan los paisanos a México van a aumentar, lo que ayuda a paliar el incremento de 10 millones de personas que ingresaron a la pobreza extrema al sur de la frontera en 2020.

Tal vez, una cuarta razón: tarde o temprano Estados Unidos le va a regalar vacunas a México, por un tema de seguridad nacional.

Resulta de alto riesgo solucionar la pandemia aquí, pero tener al lado un foco de contagio que puede volver a detonar brotes en Estados Unidos, dado el tráfico de personas y mercancías.

Así es que, guste o no, hay tres o cuatro buenas razones para estar agradecidos con el tío Joe.

¿Cómo lo está logrando Estados Unidos?

La diferencia entre un buen y un mal presidente lo hace todo.

En lugar de gastar el tiempo en pleitos, atacar a los encargados del cómputo electoral y a los jueces por no darle la razón, como hizo Trump, el presidente Biden se concentró en el problema número uno: la pandemia.

Lo sanitario y las consecuencias en la economía de su país ocuparon y ocupan su tiempo.

Se firmaron contratos con Pfizer y Moderna por 600 millones de vacunas.

Con el laboratorio farmacéutico Johnson and Johnson el propio Biden se reunió con sus directivos para exhortarlos, a ellos y a su empresa competidora, a unirse y producir una gran vacuna contra el Covid. Se logró la que con su solo pinchazo es suficiente.

Firmó un contrato por 100 millones de vacunas con ellos.

También tiene 30 millones de vacunas de AstraZeneca.

Es decir, Estados Unidos se ha provisto, en pasos sucesivos, para vacunar varias veces a su población adulta, que es de 230 millones.

Una vez logrado su objetivo compartirá dosis con otros países, según ha expresado el nuevo mandatario.

Con ello podría ayudar a que América Latina alcance su inmunidad antes de 2023, como estima la Cepal (obviamente hay países que la lograrán este año, por esfuerzo propio, pero algunos de los más poblados llevan un retraso considerable).

Así es que hay luz al final del túnel.

El 2 de julio el Covid dejará de ser pandemia en este país.

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