Opinión | Mal alma

-Oye we…-; dime Alter. – Te puedo platicar algo que me pasó…-; Simona la Cuentera Mequetrefe. Venga.

– Pues mira. Resulta que el otro día que pasaste a comprar, como La Patita, “las cosas del mandado” (si esto lo lee un miembro representativo de la generación mazapán y hay un adulto cerca, pídale que le diga cuál es la canción de La Patita, de Cri Cri) y acatando las reglas de no ingresar a la tienda de autoservicio más de dos personas de una misma familia, y menos si somos menores de edad…-; cálmate mendigo labregón, tú te quedas en el carro porque me da vergüenza andar contigo en la calle…; – ¡Ah! ¿Es por eso? Y yo pensando que era porque me querías un poquito y me cuidabas…-; ya déjate de dramas y platica lo que traes.

– Bueno, pues resulta que escuchaba las rolas que tú no me dejas poner en el carro. Estaba pensando si en algún momento, esto de la pandemia se va a terminar y podremos andar juntos tú y yo por las calles de esta callada y tranquila “ciudá coloñal”.

En eso, escuche unos golpecitos en la ventana y, al voltear la mirada, vi a una pequeña criatura de unos 10 años que me dijo: “¿No quiere empanaditas oiga?” -; y qué hiciste…; – pues yo sí tenía ganas de comprarle unas, pero con eso que parece que siempre ando con un indigente que no me da ni para un refresco…-; ¡Ah caray! Si no soy tu papá para mantenerte. Ya te dije que así como eres de zángano, bien puedes aplicar en algún programa del prejidente…; – por lo menos él trae 200 pesos en la cartera we, yo ni un peso…-; trabaja, porque de mí no vas a obtener nada…; – pues sí ya sé que eres bien macana, así que mejor sigo.

Al escuchar que mi respuesta fue negativa, el niño, con su carita triste, agachó la cabeza, se dio la media vuelta, y se fue como el sol cuando caía la tarde…-; mira mendigo parasito, deja de estar con tus babosadas porque me vas a hartar.

– Yo seguí escuchando mi música, y en eso vi que en un carro de esos que no se pagan en abonos chiquitos, llegaron tres weyes  que, a todas luces, se les veía eran de esos que andan haciendo desmanes nada más porque son “yuniorcitos”.

Se les acercó el niño a ofrecerles empanadas y, los muy mondrigos le agarraron una bolsita y la abrieron para “agarrar la prueba”; el niño les dijo que no las podían abrir y que le tenían que pagar esa bolsa que ya habían abierto porque si no, no iba a completar el dinero para poder comprar la medicina que le hacía falta a su mamá -. No manches Haragán y tú ¿qué hiciste? No me digas que no hiciste nada…; – pues si te digo, porque la neta, me dieron miedo; se veían muy montoneros. Así que seguí viendo lo que hacían y esperando que salieras para que hicieras algo.

Uno de ellos, le quito el recipiente de plástico en donde traía sus empanadas y se las empezó a aplastar el desgraciado; yo sentí, como estoy seguro muchos de nuestros lectores, que la sangre me hervía ante tanta crueldad -. Hijos de su…; – eso mismo pensé we. El niño ya llorando les imploraba que no le hicieran eso, que de verdad su mamá estaba enferma y que necesitaba el dinero para sus medicinas…-; y esos weyes qué decían…; – no pues parecía que entre más veían al niño sufriendo, más disfrutaban de estarle haciendo sus tropelías.

En una de esas uno de ellos sacó, junto con unas cervezas que les dio a sus compinches, un pequeño garrafón y un vaso de plástico. Vació un poco del contenido del recipiente en el vaso y se lo dio al niño. Le dijo con voz autoritaria que si se tomaba el jugo que le estaba dando, le pagaban las empanadas al triple de lo que las vendía.

Yo vi la cara del niño cuando se llevo el vaso a la diminuta boca, y era de preocupación, les dijo que no se podía tomar eso, porque olía a gasolina; los tres al mismo tiempo soltaron la carcajada y uno dijo: “Te lo tomas o aparte de no pagarte tus cochinos panes, te vamos a dar unos madrazos para que se te quite -. Hijos de toda su… por qué no hiciste nada…; – pues ya te dije que me dio miedo.

Y llorando el niño, esperando que cumplieran con lo ofrecido esos desgraciados, se tomó lo que le dieron y les entregó el vaso; uno de ellos saco un billete de 500 pesos, y al menos le pago al niño. La verdad sí me prendí we, pero la neta me dieron miedo…-; y luego ¿tú eres el que me dice Julián?

– Y ya para no hacértela cansada, el niño caminó unos 300 metros hasta la parada del camión, y de repente se desvaneció y cayó al suelo…-; no manches, se intoxicó…; – no we, se le acabó la gasolina o me imagino que era “guachicoliada” y no le rindió…-; mendigo Parásito, ya sabía que ibas a salir con tus babosadas, desaparece de mi vista y no me vuelvas a pedir tacuches en un año…; – no we, no me hagas eso. Tú tienes la culpa por dejarme solo, me quedé dormido y eso soñé -. Vámonos mendigo Mequetrefe. – Mis tacuches we…-. Nel.

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