Opinión | Messi: inquietud y terremoto

La ruptura entre Lio Messi, el mejor futbolista del mundo, y la actual dirigencia del Futbol Club Barcelona, ha sido la nota (¿o la serie?) más seguida en los últimos días a escala mundial. El prolongado silencio del principal protagonista de esta historia causa el mismo efecto que produce cuando pisa la pelota sobre el campo de juego: se detiene el tiempo. El mundo deja de girar.

Al escritor Julio Cortázar se le atribuye la frase “Cuando alguien dice que se va es porque ya se ha ido”. Después de la goleada histórica que sufrió el conjunto blaugrana 8 – 2 ante el Bayern Munich, se desmoronó la fructífera relación que inició el día 14 de diciembre del 2000, cuando el pequeño Messi a sus trece años firmó, en una servilleta de papel, un precontrato para incorporarse al equipo catalán. El jugador argentino a sus 33 años (le edad de Jesucristo), hizo saber a la dirigencia, a través de un Burofax, su deseo por salir del club del cual es el gran ídolo y emblema. En más de 100 años de historia ningún otro jugador ha llevado al Barsa a conseguir 10 títulos de liga, 4 Champions, 6 copas del Rey, 3 mundiales de clubes, 3 supercopas de Europa, 8 supercopas de España. Son 34 títulos para el club. Asimismo, sus  634 goles en 731partidos, le confieren el estatus de prócer de una entidad que se dice es más que un club.

El Barcelona se alejó de la fórmula que le dio tantos buenos resultados: dejaron de ser un club formador de talento y se convirtieron en uno que sale afuera a comprar jugadores. La dirigencia encabezada por Josep Bartomeu alteró el manual de gestión y apunta de malas decisiones, contrataciones precipitadas y erróneas elecciones de directores técnicos, conspiró, involuntariamente, para alejar al club de los grandes títulos. Depender permanentemente de que Messi salga inspirado y frote la lámpara para ganar encuentros, dista mucho de ser una exitosa vía para alcanzar el triunfo.

Lionel es un tipo competitivo y en el pináculo de su carrera desea llegar a otro equipo que le ofrezca un proyecto deportivo que le permita disputar y jugar una final para coronarse campeón de Europa y de igual forma intentar, quizá por última vez, conquistar el único título que se le ha negado, ser campeón del mundo con la selección de argentina.

Los detractores de Messi, reclaman de él características o virtudes de liderazgo que ciertamente no posee. No es del tipo de jugador que pegue de gritos a los compañeros. Su personalidad introvertida no le da para ser líder de vestuario. Resulta paradójico que aunque en su vida personal se incomoda con los grupos de personas y el interactuar socialmente no sea su fuerte, dentro del campo necesita crear sociedades afectivas y juntarse con tipos que den buen trato al balón.

En estos días la palabra “Messi” se ha convertido en la más consultada en Google, por encima de “coronavirus” que ya es decir bastante. Millones de fanáticos de futbol en el mundo esperan con ansia conocer el destino que tendrá el mejor jugador del mundo.

Mientras tanto, y al parecer por estrategia de sus abogados, Messi guarda silencio.

El exfutbolista y escritor argentino Jorge Valdano lo describe con mucho tino: “Messi sabe que sus silencios provocan inquietud y sus palabras desatan terremotos”.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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