Opinión | Papelón

Fernando Ramírez Guzmán

La elección de consejeros de Morena, realizada hace unos días en todo el país, mostró un cúmulo de irregularidades, vicios, trampas, compra de voto, acarreo de votantes. Todo el catálogo de malas artes que atentan contra la democracia fueron utilizados dejando una muy mala impresión y poniendo en tela de juicio la existencia de MORENA, después de López Obrador.

Conatos de bronca y trampas fueron exhibidas por redes sociales y medios de comunicación tradicionales en prácticamente todo el país. Esta situación, sin embargo, no es nueva en la vida interna de MORENA. En el año 2019 el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anuló el proceso interno de Morena al revocar la convocatoria para renovar sus órganos a la dirigencia nacional. Esto debido a que el padrón no era confiable, por lo tanto, no daba certeza y certidumbre, para llevar a cabo ese proceso, que tuvo como final una auditoria y la presentación de una denuncia ante la Fiscalía General de la República, en la que se acusa de malos manejos económicos a la entonces presidenta de ese partido, Yeidckol Polevnsky. Se hablala en ese entonces de la cantidad de 395 millones de pesos, una cantidad muy alejada del discurso de la austeridad republicana y de la pobreza franciscana que pregona la 4T.

Al año siguiente, de nueva cuenta, el Tribunal Electoral, tuvo que intervenir para tomar el control de un proceso interno que Morena no fue capaz de manejar. El INE los rescató y organizó una encuesta nacional abierta que definiera la elección de la dirigencia.

En Durango, militantes morenistas denunciaron incidentes violentos y robos de urnas, así como entregas de despensas y acarreos. De igual forma se denunció la entrega de “papelitos” en los que se escribía el nombre del o la candidata por la que pedían a la gente que votaran. En Gómez Palacio fue “reventado” un modulo por gente afín a Omar Castañeda, contra quien se procederá tanto en la vía legal, como en la del partido.

En Veracruz, funcionarios del gobierno estatal llenaban boletas que luego colocaban en las urnas. En Xalapa, docenas de empleados públicos debieron formarse desde la noche anterior para asegurar que irían a votar. En Querétaro, un operador de Morena ofrecía dinero para que votaran por su candidata. En Chiapas, a los empleados municipales se les obligó a llevar diez votantes cada uno. En Michoacán, un policía fue fotografiado cuando rellenaba urnas. Casos como estos se multiplicaron a lo largo y a lo ancho de todo la república.

La ambición entre liderazgos locales y regionales, nuevamente, ha llevado a Morena a estar metido en un momento de crisis interna y a que los equipos de sus aspirantes a la Presidencia de la República prendan focos rojos por eventuales fracturas, derivadas de condicionamientos de apoyos, que impacten sus posibilidades de triunfo en 2024.

En sus inicios Morena funcionó como un movimiento político porque el afán para ganar la presidencia, movido en torno a la figura de su líder, López Obrador, era suficiente para mantenerlo con vida y en operación.

Más que un partido político Morena es un arrejunte de varios millares de operadores locales, adheridos a grupos de interés con referencias nacionales, que se coaligan o enfrentan según sus necesidades en cada momento.

La incapacidad de Morena para tener un proceso de elección interna serio y democrático evidencia la falta de visión y objetivos concretos de un organismo político que pese a todo gobierna más de la mitad de todo el territorio nacional.

@ferramirezguz

ladoscuro73@yahoo.com

 

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