Opinión | Para el primero de diciembre… como en Dinamarca

El 16 de diciembre de este año, Andrés Manuel López Obrador hizo una promesa la cual quedó grabada en video y le puso fecha de cumplimiento; el presidente dijo textualmente: “el primero de diciembre de este año va a estar funcionando el sistema de salud pública con normalidad, con servicio de calidad, atención médica y medicamentos gratuitos; va a estar funcionando y ese es el propósito, como los servicios de salud que hay en otras partes del mundo, como en Dinamarca, así aspiramos, como en Canadá como en el Reino Unido”.

Falta exactamente una semana para la fecha anunciada por AMLO.

Desde luego habrá que evaluar el resultado o cumplimiento de esta promesa, pero será buen momento para juzgar que tan bien se han cumplido las principales promesas del presidente. Son dos años ya de ejercer el poder con la ventaja de ejercer el presupuesto público a su antojo, teniendo sometido al Congreso de la Unión, habiendo sometido también a la Suprema Corte de Justicia y hasta al Tribunal Electoral. Todo a su favor, con todas las canicas ¿Qué ha hecho?

La evaluación es simple y parte de algunas preguntas que ya se han ventilado en otros espacios, retomo las que planteaba hace muy poco Fray Bartolomé, en Templo Mayor de Reforma:

Las preguntas son ¿generó más empleos? ¿Mejoró el sistema educativo? ¿Apoya decididamente a la cultura y a los creadores? ¿Promueve la Ciencia? ¿Fomenta la competitividad y la Modernidad? ¿mejoró los servicios de salud? ¿Logró que haya menos homicidios? ¿Redujo los feminicidios? ¿ Redujo el desempleo y ayudó a crear empleos formales? ¿ Sacó al Ejército de las calles y evitó la militarización del país? ¿Cumplió con su promesa de descentralizar las oficinas federales? ¿Está aportando a las energías limpias para favorecer a las futuras generaciones? ¿Defiende y reconoce a las organizaciones de la sociedad civil? ¿Reconoce cuando se equivoca?…

La respuesta a los anteriores cuestionamientos da un panorama simple, claro, de la eficacia del gobierno del país.

Tomada como ejemplo, la cuestión del sistema de salud tenía fecha fija, y la puso personalmente el primer mandatario.

Una evaluación rápida pero perfectamente transparente y justa, con las palabras del presidente debe decirnos si efectivamente para el próximo martes uno de diciembre ya estará funcionando el sistema de salud con la normalidad prometida. La misma evaluación dirá si efectivamente el servicio es de calidad, si la atención médica y los medicamentos son gratuitos y si ya estará funcionando como en Dinamarca, Canadá o el reino Unido.

La respuesta es obvia. Y aunque seguramente hubo quien le creyó cuando hacía tal promesa, seguramente es el mismo que le creyó el resto de sus compromisos.

Y habrá quien se apresure incluyendo al propio Andrés Manuel a poner pretextos y sí, básicamente le van a echar la culpa a otros; dirán que fue la pandemia, que eso impidió cumplir como era la intención y evidentemente eso será mentira. También dirán que las administraciones pasadas le dejaron un cochinero, que fue la corrupción y alguna otra escusa más.

Desde luego que ni por error admitirán que aquella promesa fue una más de toda la serie de ocurrencias que han caracterizado el discurso oficial, que cualquier persona con dos dedos de frente sabía desde entonces que era una promesa irrealizable, y que no solo eso, el sistema de salud ni siquiera mejoró un poco, está peor, mucho peor que como lo recibieron. Menos aún admitirán que la única causa es la incapacidad y la ineptitud del presidente.

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