Opinión | Para escribir una historia

Imagina a tu personaje como un revoltijo de nervios y carne; sí, primero crea tu personaje. Para hacer esto más ilustrativo iré exponiendo mi tesis a la vez que se desenvuelve, nos vemos al final, cedo la pluma al narrador.

Es prudente imaginarlo desde niño, si se puede desde el vientre; fijar su signo zodiacal y su estatura y definir las cosas a las que le teme, pero también a las que aspira. “Un niño de la rechingada que de grande quiere ser presidente”. Listo, el personaje al momento de su concepción nos ilumina con una interesante idea para un relato, una novela, o una obra de teatro. De la placenta y la sangre al trono de un país (en la vida de un hombre) suceden infinidad de cosas, pero no podemos emular a Proust y escribir “en busca del tiempo perdido”, debemos enmarcar la idea y estructurar un plan que si bien puede ir cambiando a lo largo del recorrido, se mantiene mas o menos fijo de cabo a rabo.

Algo que muchas veces frena una historia decente es el hecho de no tener un antagonista claro (esto lo he aprendido a la mala, pero lo he aprendido), y algo que la corriente posmoderna ha puesto en boga es que el hombre por si mismo es el único y mayor enemigo de su ser, por eso (pienso en la famosa novela de R.L Stevenson, “Dr Jekyll y Mr Hyde”) los relatos de hombres “astillados” en personalidad (incierta, difusa, ambigua) tienen un enorme impacto en los lectores, pues los remontan a las zonas oscuras de su persona que tratan de ignorar. Por eso, para darle más sabor a la trama, pero solo cuando hayamos sorteado el abismo de años que lo llevan a la presidencia, revelaremos que aquel chamaco de la rechingada en realidad sufre una extraña variante de demencia vascular, y haciendo uso de las “situaciones dramáticas” recopiladas por Georges Polti (usaremos la 16 y 17: locura y negligencia total) mostraremos al lector un panorama incierto pues el protagonista actúa como si nada pero su pueblo sufre, incluso más que antes.

Lo podemos mostrar despilfarrando recursos nacionales en una movida que, si bien pudiera parecer prudente a simple vista, deja sin un peso a su nación y todo vuelve a las arcas de las megacorporaciones. (Lo veremos entregando dinero al pueblo —que no tiene nada de malo—, pero el pueblo se lo gastará en donde no debe, en la tienda del imperio, o en el banco asesino de inocentes).

El hombre (dividido por sus intereses y por lo que sabe que debe hacer), perderá la cordura más temprano que tarde, su salud irá en picada al igual que su nación, que trastornada, lo seguirá al borde del abismo y saltará junto con él, y dejarán a sus hijas y sus nietos solos, abandonados en un país en ruina y fraudulento, que un día lo tuvo todo para quizá “ser”, y se dejó engatusar a la shaitzen por un sujeto de la rechingada que de niño quería ser presidente.

Espero que mis consejos le sirvan y pueda usted escribir una historia con más destreza y talento de lo que yo lo hago.  R.A.L.

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