Opinión | Para mamá

Resplandor entre rejas XXIII

Hola madrecita ¿cómo te encuentras? Por teléfono me dices que estás bien, pero yo sé que en gran medida estás dolida; dolida por el hecho de que tienes un hijo preso. Yo. Tu hijo que además soy también tu único varón.

Espero verte pronto, pero hoy, en esta carta, quiero decirte cuánto te quiero, decirte que me haces mucha falta, que quisiera estar contigo.

Mamá, las ganas de vivir se fueron el día en que por los errores que cometí en mi vida me remitieron aquí. Me siento tan cobarde ¿Sabes? Tan terrible fue ese día, que me quería morir. Sí. Morir, sin que alguien sintiera lástima ni piedad por mí. Morir sin los berridos de un hombre que lo ha perdido todo. Morir sin jugar, sin apostar, porque ese día, madre, todo en mi vida perdió sentido y valor.

Tú me diste la vida, me diste sustento y apoyo moral, me diste siempre lo mejor de ti; en cambio yo ¿Qué es lo que te he dado? Humillación, penas, enfermedades, todo madre, todo lo malo que un hijo puede darle a su madre, eso te he dado. Aún así comprendo los días destrozados, tantos momentos bellos desperdiciados, las palabras no dichas, y las que dije y no debí.

He vuelto derrotado de la vida, como un huerto marchito, con el alma mirando a la nada, preso por el odio y muerto en vida, en medio de una luz roja llena de espinas ¡Madre me arrepiento tanto!

Como todo en la vida, el arrepentimiento clama y poco a poco yo he reconocido mis errores. Hoy agradezco a Dios el regalo tan hermoso que eres tú madre; tú eres ese ángel que me da las fuerzas para tomar el mejor camino, para triunfar, para salir de esta fosa en que me encuentro.

A pesar de esta amarga experiencia es mi anhelo que te sientas orgullosa de mí, de tu hijo que día a día lucha por cambiar, porque en verdad sueño con ese día en que esté con mi familia reunido.

Ahora tengo conciencia de que se me abren las puertas para comenzar una nueva vida, en la que te prometo que, a cada momento te voy a amar y cuidar; voy a enmendarme y hacer lo que desde el principio debí haber hecho. Me siento orgulloso de ser tu hijo, pero también quiero que tú lo estés de mí.

Gracias mamá por estar firme siempre, caminando a mi lado, apoyándome ahora que es cuando más te necesito ¡Te amo madrecita!

Me despido de ti y le pido a Dios que esta distancia no se haga más larga, pues aunque sé que no durará por siempre, espero con ansia el día de mi salida y con todo mi amor decirte cara a cara todo lo bello que por ti siento.

Me despido hoy, pero siempre te llevo en mi corazón.

Esta carta de “Francisco”, fue ganadora hace unos años del concurso: “Carta a mi madre”

*Tomada del libro: Espinosa M.. (2015). Resplandor entre rejas. México D.F.; Benito Juárez, SNTE.

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