Opinión | ¡Por fin se acaba el 2020! ¿Qué sigue?

Lo que ha sido un año marcado por crisis, aunque lo hayamos creído imposible, está llegando a su fin. Eso no significa que el 2021 será color rosa. El futuro es poco claro y tenemos que estar preparados.

Con tanto cambio, vivimos en constante temor e incertidumbre. Por eso aquí la recomendación es justo la opuesta a lo que escuchábamos de “pensar fuera de la caja” y “salir de la zona de confort”. Regresemos a la estructura que conocemos; eso nos dará la seguridad y la tranquilidad que necesitamos. Partamos de lo que significa un cierre de año habitual y juguemos sobre esa base.

Recopilemos las métricas y los KPI: estados de resultados, estadísticas de productividad, cartera de clientes… Solicitemos a cada área su reporte anual con especial énfasis en las tres preguntas básicas de análisis: ¿qué hicimos bien? ¿qué aprendimos? y ¿qué podemos mejorar? De aquí podría salir que una editorial apueste por lo digital en un año donde la Caniem informa una contracción de un tercio en ventas o que una mipyme oriente sus esfuerzos al e-commerce viendo que, por ejemplo, Justo.mx ha crecido más de 500% durante la pandemia.

Reunamos al equipo directivo para procesar los datos de forma transdisciplinaria y obtener un diagnóstico claro de la “antigua normalidad”. Cada área elegirá un color de post it (real o virtual) y anotará una conclusión por papelito. Éstos se acomodan y reacomodan para facilitar el análisis visual de los datos. El 40% de las personas aprende de forma visual mientras que el 30% lo hace de forma kinestésica, es decir, moviéndose. “Poner” formas y colores facilita la comprensión, el análisis y la identificación de patrones.

Preguntémonos: ¿qué de lo que hicimos nos ayudó a enfrentar la adversidad y qué nos estorbó? En un estudio reciente, PwC detectó que el 97% de los trabajadores mexicanos quiere permanecer en home-office incluso después del Covid, pues más de la mitad de los encuestados detectó una mejora en su productividad.

El mundo cambió y con él todo el contexto de nuestro hacer. Liberemos medio día para reunir al equipo directivo e invitar a representantes gerenciales y operativos para realizar un ejercicio FODA —de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas—, así como un análisis PEST —de los entornos político, económico, sociocultural y tecnológico—. Esto nos permitirá mirar desde una perspectiva distinta los reportes anuales para hacer que nos cuenten una serie de historias de acción-reacción. Es fundamental estar relajados e iniciar con un juego sencillo que permita ubicarnos en el aquí y el ahora con mente creativa.

Entonces, será momento de preguntarnos de forma objetiva si estábamos preparados para esta situación de locura. Si lo estábamos, no olvidemos reconocer a quienes lo hicieron posible. Si no lo estábamos, es momento de, “ahogado el niño, tapar el pozo” y tomar ventaja de esta fresquísima memoria para armar un gabinete de crisis. No tenemos ni idea de cómo ni cuándo será la siguiente crisis pero analizar a posteriori una situación real es el mejor análisis de caso. ¡No olvidemos invitar a la persona más catastrofista del grupo! Ese “defecto” es más que valioso para este ejercicio.

Listo. Resumamos todas las conclusiones a las que hayamos llegado para tener claro qué tenemos que mantener y qué cambiar. Para asegurarnos de que no quede en el aire y podamos dar seguimiento, procedamos a establecer los objetivos para 2021 asegurándonos de que sean “SMART”, es decir, específicos, medibles, alcanzables, realistas y con fechas definidas de avances y entrega.

Para entonces, ya estaremos acabando noviembre. Momento ideal para hablar con recursos humanos y comunicación para coordinar un evento de reconocimiento y relajación más que necesario que nunca. En definitiva le exigimos mucho al equipo en 2020. Hagamos una pausa, todos tenemos necesidad de hacer catarsis. Si lo hacemos juntos, el equipo será más fuerte.

No olvidemos reconocer, agradecer y premiar, es clave para asegurar que el equipo siga dando su máximo esfuerzo. Identifiquemos quiénes han resaltado por su desempeño y hagámoslo notar. El “gracias” es importante, pero siempre debe ir acompañado de una acción tangible para que realmente penetre. Los estudios afirman que un colaborador feliz puede ser entre 20% y 100% más productivo.

Finalmente, demos gracias por que este año tan loco está terminando con efectos menos catastróficos que nuestras peores pesadillas. Pero no sin antes asegurarnos de que estamos listos y fortalecidos para usar las energías del 2021 a nuestro favor.

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