Opinión | ¡Por metiche!

-Oye mi cabecita de aceituna…-; míralo, seguro algo quieres ¿por qué tanto cariño mendigo Haragán? De una vez te digo que no habrá tacuches de triplay por lo menos los próximos quince días…; – no seas culei we, tengo antojo -. Pues te lo vas cortando mascando un chicle, porque debemos acatar las medidas que nuevamente, por tanta gente a la que le importó muy poco el riesgo de contagios, nos volvieron a imponer.

– No manches, a poco es neta que no te vas a poner la del Puebla we; si yo veo que hay mucha gente en la calle…-; pues te estoy diciendo que precisamente por eso es que nos volvieron a poner estas medidas, porque hay muchas personas que no atendieron las medidas que nos soltaron hace siete meses y, ahora, nos las vuelven a recetar a pesar de que otros tantos, sí atendimos el llamado de las autoridades.

– Pero no pasa nada pinche Tío Lucas…-; pues por personas como tú que andan con su “no pasa nada”, es que regresamos a este lugar y, si siguen igual, no sé hasta dónde llegaremos.

Te voy a contar lo que sucedió cuando iba por la calle antes de ponerme a escribir esta colaboración. Caminaba, sin ninguna prisa rumbo al carro, que por cierto hoy no perdí su ubicación; y caminando me encontré a una persona que llevaba, lo que bien podría parecer una pequeña compañía de niños exploradores, seis para ser precisos.

Todos los chiquillos emocionados, así como cuando te digo que sí te voy a comprar tus tacuches; sin cubre bocas, empujándose unos con otros, jugueteando como su naturaleza lo exige. La mamá, muy ligera papaloteando como…; – como tu we, ya te dije que un día te vas a romper el hocico por no fijarte por dónde caminas, ni ver quién se te atraviesa…-; no jorobes.

Me acerqué, hasta donde la “sana distancia” lo permite y le comenté si me permitía una pregunta; ya ves que soy bien preguntón.

– Dígame joven -. Le pregunté ¿Por qué no usan cubre bocas? – ¡Ay joven! Puros cuentos para tenernos encerrados. A poco “usté” cree en esa enfermedad -. Me respondió, mientras no sé si me sonreía o se reía de mí y metía su mano a una colorida bolsa de plástico que cargaba en su mano izquierda y sacó un cubre bocas por demás inservible de lo deteriorado que se encontraba ya.

– Miré, sí traigo cubre bocas, pero ni lo uso porque dicen que no sirve de nada. Además, yo prefiero comprarle una golosina a mis chamaquitos en lugar de gastarme unos pesos en esto que… Mire… traigo arrumbado en la bolsa -. Oiga señora, pero quién le ha dicho que no sirve de nada ponérselo…; – pues en mi familia y también el Presidente -.

¡Válgame el Santo Niñito! Ya salió el peine, dije para mis adentros. Señora pero es muy riesgoso que ande así con sus niños, mírelos, andan jugueteando por todos lados, agarrando todo lo que encuentra a su paso y miré aquel, se le cayó la paleta y la levantó y a la boca de nuevo…; no supe si alejarme sin decir ni una palabra más o aguantar vara y tratar de seguir con mi acto de convencimiento.

– ¡Ah que joven! Se ve que “usté” es medio sangroncito y de seguro a sus hijos no los deja ni siquiera que les dé el aire -. Pues se equivoca, le respondí, no soy como imagina; pero viendo como se encuentra la situación, no puedo arriesgar, no sólo a mi hija, ni a mí, sino a quienes me rodean.

– Pues yo a mis hijos dejo que si quieren comer tierra que se la traguen, eso les da fuerza para aguantar enfermedades que a otros como “usté” los tumban. Además usté es policía ¿O qué? Porque si es policía primero vaya a decirle a sus amigotes que pongan el ejemplo. A poco cree que no los veo que “train” el “chingao” cubrebocas en la papada, o colgando en una sola oreja. Vaya “usté” a que pongan el ejemplo ellos y luego viene a decirme. Y la “verdá” miré que vengo de buenas porque de lo contrario ya lo hubiera mandado a la chingada por metiche; cuide usted a sus hijos y deje que yo cuide a los míos… y no soy pendeja creída para andar como perrito con el hocico tapado… ¡Adiós!

– Jajajajajaja eso te pasa por metiche pinche Tío Lucas…-; pues a ti te hará, mucha gracia, pero ya te quiero ver y a tanta gente como esa doñita, cuando les pase algo; porque así como vamos, indudablemente que la enfermedad nos va a visitar, sino de manera personal, con alguien que nos va a doler perder.

– Oye we, ya que andas de metiche, no podrás entrometerte en mi alimentación y me invitas mis tlacuaches…-; no, te dije que no y no seas terco porque me desquito contigo por lo que me dijo la doñita…; – ¡Ah mira! ¿Yo te mando a ser metiche? -; vámonos ya. – Pinche metiche culei -.

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