Opinión | Premio Nobel de Economía 2021

El Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, también conocido como Premio Sveriges Riksbank de Ciencias Económicas o como Premio Nobel de Economía se comenzó a entregar en 1969 por la Real Academia de las Ciencias de Suecia. El pasado 11 de octubre se otorgó este reconocimiento a David Card, “Por sus contribuciones empíricas a la economía laboral” y por el otro lado, conjuntamente, Joshua D. Angrist y Guido W. Imbens “Por sus aportes metodológicos al análisis de las relaciones causales”.

David Card y Alan Krueger estudiaron la relación entre salario mínimo y empleo gracias a un experimento natural a principios de los años 1990. Para ello, compararon la situación del mercado laboral en la zona fronteriza entre los estados de Nueva Jersey y de Pensilvania. El salario mínimo había sido aumentado en el primero, mientras que se mantuvo igual en el segundo. Al focalizarse en una zona geográfica homogénea, las investigaciones de Card y Krueger mostraron que la subida del salario mínimo no había generado un descenso del número de empleados. Esta conclusión se oponía a la teoría dominante de la época, según la cual un aumento del salario mínimo destruía empleos. Card, además, estudió la relación entre inmigración y mercado de trabajo, basándose en un caso concreto: la instalación en Miami (Florida) en 1980 de decenas de miles de cubanos que el presidente Fidel Castro dejó salir del país. Los trabajos del economista mostraron que esta ola de nuevos llegados no tuvo un impacto negativo en el empleo.

Joshua Angrist se interesó por su lado en el vínculo entre nivel de estudios y salario. Comparó el tiempo pasado en el sistema educativo por personas nacidas el mismo año en función de su mes de nacimiento. Los nacidos a principios de año, que pudieron dejar la escuela un poco antes que los demás, habían realizado en promedio estudios más cortos que quienes nacieron en el último trimestre, y sus salarios eran más bajos. Ello permitió a Angrist determinar que un alto nivel de educación conduce generalmente a mejores sueldos.

Al respecto Raúl Martínez Solares en su columna semanal en el periódico El Economista escribió: “Uno de los temas de discusión añeja en la ciencia económica es el hecho de que, mientras que, por ejemplo, la ciencia médica puede llevar a cabo experimentos con grupos homogéneos a los que aplican un medicamento y a un segundo grupo de control se le da un placebo, y ello permite contrastar, a nivel estadístico, los efectos del medicamento; en la ciencia económica resulta sumamente complejo tener grupos homogéneos sobre los cuales experimentar la aplicación o no de una política pública”.

Cada año realizo la siguiente conclusión: es necesario hacer énfasis que la entrega del Premio Nóbel se ha otorgado a personajes que no han cuestionado el modelo económico predominante, es decir, las aportaciones realizadas pretenden mejorar la estructura económica actual; bajo la lógica anterior no ganará el Premio Nóbel un analista que tiene como base teórica la crítica de la economía política. Y es precisamente lo que ocurrió ahora, todos los análisis son al interior del modelo liberal o de mercado pero en ningún momento se cuestiona a dicho modelo, ese es el problema fundamental.

Por último, escribo lo que mi amada esposa me comentó con relación al Premio Nóbel de este año: “si estudiaran la crítica de la economía política y la aplicaran al estudio de la economía sabrían entonces que i) las conclusiones que obtuvieron son procesos que devienen de la acumulación capitalista y por ende, inherentes al sistema y (ii) hay un retroceso en el método de las ciencias sociales en particular de la economía, pues el método de causa-efecto es el método más antiguo (unos dirían primitivo) de hacer ciencia en las ciencias naturales y que vuelven a retomar la economía ¿por qué?”

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