Opinión | Prohibido ser artista

La muerte del astro argentino, Diego Armando Maradona, a los 60 años de edad, demostró el grado de admiración que sienten por él los amantes del futbol alrededor del mundo. Deja, en lo estrictamente futbolístico, un vasto legado de momentos de magia, con la pelota pegada a su pie izquierdo y deja, también, a la Argentina, sumida en el llanto y el desconsuelo.

Desde niño pudo mostrar su talento innato para el futbol. Jugando en el equipo Los Cebollitas despertó la fascinación de quienes lo veían. Aprendió y perfeccionó su técnica haciendo “dominadas” o “jueguito” con la pelota. Gracias a esta habilidad, llegó a convertirse en una especie de espectáculo de medio tiempo en los partidos del club de primera división Argentinos Juniors. Diego dominaba el balón durante los quince minutos del entretiempo sin permitir que el esférico tocara el piso.

Debutó en primera con Argentinos Junior, fue convocado a la selección nacional de su país, previo al mundial de 1978, pero el entrenador, Cesar Luis Menotti, consideró que era demasiado joven para jugar en ese certamen. Un año después jugó el mundial juvenil de la especialidad, en Tokio, donde fue figura y pieza importante para que Argentina consiguiera el título. Continuó su carrera en Boca Juniors, en donde salió campeón.

Asistió al mundial de España 1982, en donde tuvo una actuación más bien discreta. Fue contratado por el Barcelona, con quien ganó una Copa del Rey pero se vería agobiado al contraer hepatitis y, posteriormente, sufrió de una fractura al recibir una artera entrada por detrás de parte del recio defensa Andoni Goicoetxea. Tal entrada  mereció que el diario deportivo Marca pusiera en primera plana una fotografía de ese momento y un encabezado muy elocuente: “Prohibido ser artista”. Sería, también ahí, en la Ciudad Condal, en donde Maradona conoció y se volvió adicto a la cocaína, droga que por cierto, en nada tuvo que ver para mejorar su habilidad o su capacidad atlética.

Pasó a formar parte del Nápoles en donde tuvo un recibimiento como celebridad. Diego se identificó, por su origen humilde, con los napolitanos que eran parte del sur de Italia, victimas frecuentes de racismo y de la miseria. En la etapa de Nápoles (1984 – 1990), Maradona alcanzó su esplendor como profesional. Además se coronó campeón del mundo con Argentina en el mundial de México 1986 y fue subcampeón en el mundial de Italia 1990.

Maradona forjó una personalidad muy peculiar. Para los argentinos representa, entre otras cosas, el vengador que pagó la afrenta a los ingleses por la guerra de las Malvinas realizando contra ellos el mejor gol realizado en la historia de los mundiales y anotándoles otro gol, pero con la mano. Lo consideran su defensor porque en televisión mundial insultó a los italianos que abuchearon al himno argentino en 1990. Fue un tipo contestatario y un defensor del futbolista y de los oprimidos, lo que le generó, a la larga problemas con el sistema. En el mundial de Estados Unidos 1994 fue suspendido por dar positivo a pseudoefedrina. “Me cortaron las piernas”, dijo. Una de sus frases célebres. La otra, sin lugar a dudas fue el día de su retiro: “Yo me equivoqué y pagué… pero la pelota no se mancha”.

Tuvo la oportunidad de ser el entrenador nacional de su país en Sudáfrica 2010, pero no pasó gran cosa. Su vida  personal se fue deteriorando de la mano de los excesos. La muerte de sus padres fue un duro golpe. El distanciamiento con sus hijas mayores y de la mamá de ellas, la aparición de hijos que no habían sido reconocidos y la conformación de un nuevo entorno de personajes que de a poco lo fueron aislando y buscando solo el lucrar con su imagen fue la constante en sus últimos días.

Tras concluir etapas como entrenador en los Emiratos Árabes, El club de primera división A de México, Dorados de Culiacán, lo contratan como su entrenador llegando en dos torneos consecutivos a la final, sin lograr el campeonato. Ese sorprendente paso por Dorados le ayudó para ser contratado por el club Gimnasia y Esgrima de la Plata, de la primera división de Argentina. Ese breve paso le sirvió para recibir de la fanaticada de su país, grandes muestras de admiración y respeto en los estadios que le tocó visitar.

Coincido, en relación con la separación que se hace de la figura de Maradona entre su vida como jugador de futbol y su vida personal con la frase del caricaturista Roberto Fontanarrosa: “Qué me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”.

Ernesto El Che Guevara, personaje admirado por el ídolo argentino y cuyo rostro se tatuó en el brazo derecho, escribió en Guerra de guerrillas: “El primer deber de un revolucionario es sobrevivir…”. Lo siento, Diego. Aquí va un reproche más: le has fallado al comandante.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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