Opinión | Qué difícil es ser chairo

“Chairo” no es; no ha podido ser uno de esos términos peyorativos que son retomados y apropiados por sus destinatarios para resignificarlos y darles un sentido de identidad, de orgullo o de fuerza como hicieron las feministas con la palabra ‘feminazi’. Ser chairo es más difícil, por mucho que se ha intentado, la palabra sigue sin tener un significado que dignifique o tenga un mínimo de reconocimiento. Ser llamado con ese término sigue siendo oprobioso.

La palabra chairo no puede desprenderse de sus significados,  especialmente con sus usos originales.

Desde luego nadie con sentido común debe valerse del uso de etiquetas, que por lo general encaminan hacia la discriminación o la estigmatización, pero esta palabra de reciente ingreso al uso común en nuestra lengua, tiene especial relevancia y efectivamente estereotipa a un segmento de personas con caracteres bien definidos. Es una realidad que se presta para la observación y el análisis.

La primera definición formal registrada, aparece en el Diccionario del Español de México, del Colegio de México, y dice que chairo puede usarse como sustantivo o adjetivo, que es un término ofensivo y que se refiere a la “persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender”; lo cual suena muy bien, pero, esa no es toda la definición, pues el uso más frecuente y más identificable tiene que ver con la segunda acepción y dice que es la “persona que se autosatisface con sus actitudes”.

Esta forma de entender al chairo tiene que ver con algunas argumentaciones de usos previos y algunos razonamientos etimológicos que todos van al mismo origen, la autosatisfacción.

Los chairos a quienes se les conoce como tales, son precisamente esos que se autosatisfacen con sus actitudes, con sus dichos, sus causas e incluso con la habilidad que han adquirido tanto para hacer piruetas, cabriolas y todo tipo de maromas para defender lo indefendible, como para cambiar de opinión tan pronto como su pastor tenga una nueva ocurrencia.

Ya en términos prácticos, la dificultad de ser chairo es retomada con relativa frecuencia en medios y redes; un ejemplo es cómo el chairo por mucho tiempo tuvo que señalar, acusar, rechazar, argumentar, recitar frases hechas y corear consignas contra “la mafia del poder” y ahora tener que justificar o por lo menos callar cuando los integrantes de esa mafia hacen camarilla y siguen de la mano del poder, algunos incrustados en la 4T y otros haciendo los grandes negocios y siguen siendo los mismos.

Para ser chairo se necesita una gran resistencia en casos como cuando deben proclamar que el avión presidencial se va a vender y luego les dicen que no se puede, que se va a rifar pero tampoco se puede. Que es un derroche, pero el no usarlo, mantenerlo guardado, pagar premios de una rifa y pagar el costo acumulado y pagar la deuda todo eso sale aún más caro.

Qué complicado debe ser para el chairo que antes se burlaba de Peña Nieto porque no sabía hablar inglés, y ahora debe justificar a López Obrador que ni siquiera sabe hablar bien en español.

Esos mismos chairos que criticaban a Peña por reunirse con Trump y apoyar su campaña y que hoy aplauden que López haga exactamente lo mismo… no, peor.

Cómo ser chairo y sostener la cantaleta de que se combate a la corrupción y callar cuando cerca del 80 por ciento de las adquisiciones, compras y servicios del gobierno federal se contratan sin licitación, mediante la asignación directa.

Los chairos se cansaban de criticar que las hijas de Peña vivían en el lujo y la ostentación; pero qué difícil para ellos debe ser callar ante el tipo de vida que se dan los hijos de López.

Los chairos rompían sus vestiduras ante los muertos que dejaba la violencia en los gobiernos de Peña y de Calderón; pero el chairo ahora debe justificar o callar ante los muertos, muchos más, en la administración de AMLO.

Y por si fuera poco, el chairo aseguraba que estaríamos mejor con López Obrador, que el crecimiento económico del dos por ciento era una vergüenza… y hoy debe ser muy complicado para ellos reconocer que con López ha sido mucho peor, que no estanos mejor, que en lugar de crecer hemos caído como nunca en décadas, que la gasolina no ha bajado de precio como prometió López; que la seguridad no ha mejorado como ofreció, sino que ha empeorado; que los servicios de salud que dijo se equipararían con los de los países del norte de Europa, están mucho peor que como los recibió; que su estrategia para enfrentar la pandemia es un evidente e innegable fracaso… ¡Qué difícil es ser chairo!

@MCervantesM

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