Opinión | Un ridículo código de ética

El triunfo popular expresado en las urnas el 2018, ha traído una serie de fenómeno políticos interesantes, de los que los estudiosos del tema van a escribir mucho, al igual que escribieron, escriben y seguirán escribiendo de la reforma del siglo XIX, en la que hay dos protagonistas fundamentales, los conservadores y los liberales.

Hoy, las fuerzas políticas que se confrontan están en el movimiento popular integrado al partido Morena, y  la Alianza por México (de derecha), con los partidos, Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI), y, Partido de la Revolución democrática (PRD).

La alianza de derecha no se hizo en función de principios, sino de manera pragmática, para recuperar el poder político perdido, lo cual puede justificase, en un momento en que los principios y sustentos ideológicos son desplazados por el pragmatismo.

El nacionalismo priista se venía debilitando, desde el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, época conocida como “echeverrismo”, por el grupo que concebían el partido como el instrumento para crear un estado neoliberal y, oligárquico.

Connotados priistas habían formado la Corriente Democrática al interior del PRI, buscando reintegrarlo al nacionalismo perdido, al no lograrlo, renuncian a su militancia, para formar, con agrupaciones democráticas y de izquierda, el Partido de la Revolución Democrática.

En el PRD se generaron las llamadas tribus, grupos que al interior se disputaban los espacios de poder, el reparto de los puestos de elección popular y los recursos que le generaba el subsidio y otros ingresos. La lucha interna, terminó dio el triunfo los llamados Chuchos, impusieron una línea oportunista, corrupta, y, de acercamiento estrecho con el gobierno, avalando las decisiones de estado.

Las contradicciones en el PRD se agudizaron, la crisis llevó, a que el líder más carismático con el que contaban, el hoy presidente de la república Andrés Manuel López Orador, se separara, para hacer el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Los chuchos, descalificaron y minimizaron la construcción de Morena, el resultado, fue el contundente triunfo de Morena el 2018, que repitió en las elecciones del 2021. Hoy, la tendencia nacional es de fuerza popular para Morena y de apoyo al presidente López Obrador.

El PAN, con severa crisis, a solo dos décimas de que no justifique el número de militantes que le exige la ley para contar con su registro, mientras que, en un desplante de soberbia, de su dirigente Marco Cortés, aparece en un spot con un discurso triunfalista, absurdo y tonto.

El PRI, con una pérdida de militancia y de votos que lo pone en la orilla del precipicio, a tal grado, que su futuro ya no es de partido chatarra, sino de extinción. 

En este lamentable escenario de la oposición, estamos en el umbral de otro rompimiento. El PAN y PRD proponen en la Alianza por México, un “código de ética”, no habíamos visto algo más ridículo. Basta recordar el pacto de Felipe Calderón con Peña Nieto para debilitar a su candidata a la presidencia de la república Josefina Vázquez mota y allanarle el camino a la presidencia de la república. En nuestra opinión, la ruptura del pacto de derecha está cerca, si no, al tiempo. O no

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