Opinión | Rubén Solís, sortea las crisis en la UJED

Los tiempos por los que atraviesa la Universidad Juárez del Estado de Durango son muy halagüeños que digamos, pues se encuentra inmersa en una crisis económica y política. Veamos por qué:

La rectoría que encabeza Rubén Solís Ríos, recibió la administración central con un déficit de 400 millones de pesos, mismo que le fue heredado por el ejercicio de Erasmo Návar, sin omitir el tema de la Estafa Maestra.

A todo esto, hay que añadirle que la Universidad Juárez tiene que pagar prestaciones laborales no reconocidas por la SEP tanto a trabajadores académicos como administrativos, pues fueron cesiones de anteriores rectores a los sindicatos con tal de mantener espantado al fantasma de la huelga.

A lo anterior hay que agregarle las jubilaciones dinámicas que la UJED debe pagar con recursos propios, esto es, que tanto profesores (los que fueron contratados antes de 2001) como trabajadores administrativos que se encuentran jubilados, perciben su sueldo íntegro con todo e incrementos anuales como si se mantuvieran activos. Hay profesores de tiempo completo que se jubilaron con su último sueldo, ya fuera como investigadores, directivos o funcionarios que perciben una jubilación de más de 80 mil pesos mensuales.

Por todo esto, es que el rector Solís Ríos, que sabe bien el camino de la gestión financiera desde que acompañaba al entonces rector Rubén Calderón a la Ciudad de México, ha tenido que hacer milagro y magia para cumplir con las obligaciones patronales en tiempo y forma; como fue enviar un diagnóstico a la SEP para obtener los recursos suficientes que permitieron sacar adelante los compromisos laborales del fin de año 2020.

Ahora bien, durante toda esta semana, se dio vuelo a la noticia de las observaciones millonarias al ejercicio fiscal 2019, que hiciera la Auditoría Superior de la Federación a un grupo de universidades públicas entre las que se encuentra la UJED.

Esto se viene a relacionarse con la crisis política, porque pese a los dos años que el maestro Solís Ríos lleva al frente de la rectoría, ya existen directores de facultades, funcionarios de la administración central y excandidatos a rector, que pareciera que desean que le vaya mal al rector y por ende a la Universidad, para aprovechar el río revuelto y quedarse quedarse con su silla en el viejo caserón jesuítico.

Sin embargo, esos “adelantados”, ignoran que si alguien conoce mejor que nadie las entrañas de la Universidad es Rubén Solís, quien inició su trayectoria como sindicalista en los movimientos turbulentos de finales de la década de los 70s; ya fue director de unidad académica y sabe de qué pie cojean los directivos.

Igualmente, ha hecho cambios estratégicos en su equipo, desde la Subsecretaría de Administración, Recursos Humanos y ahora la Contraloría General, quien dejó hacer y pasar el quehacer de la Tesorería y por ello los movimientos no cuadraron con los criterios de la Auditoría Superior de la Federación.

Por ello es que fue oportuna la declaración del gobernador en respaldar al rector, de manera que los interesados en destronar a Rubén Solís, deben saber leer entrelíneas que Aispuro da su apoyo total e incondicional al rector para evitar un movimiento telúrico en estos tiempos tan complicados.

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