Opinión | Se murió Manzanero

Me lo anticipó mi hijo César desde el 17 de diciembre que lo internaron: “-Entró hoy Manzanero al hospital y trae un Covid de la fregada, cuando menos eso reflejan las radiografías de sus pulmones- “

Al paso de los días, los medios de comunicación transmitían noticias alentadoras de la parentela: “-ya se quiere ir, está muy bien y en las mejores manos- “, “-lo están poniendo de ladito, pero no está intubado y ya quiere estar con la gente- “, y así por el estilo.

Lamentablemente el virus maldito no entiende de buenas intenciones y de pronósticos nacidos del corazón. Si no se exagera con las precauciones y se baja la guardia, es muy factible que pase lo que con el extraordinario poeta de la canción.

Lo dijo su hijo Juan Pablo Manzanero, “-qué cosa tan irresponsable, su adiós debe ser una lección para toda la sociedad que baja la guardia”-

Y es que don Armando había celebrado su cumple apenas el día 7 de diciembre y asistido a una fiesta de homenaje que le organizaron en su tierra, Mérida.

A ese cumple, y al homenaje, seguramente asistió una buena cantidad de admiradores y amigos del compositor (esto no lo dijo su hijo, lo digo yo) y ¡pácatelas!

En menos que canta un gallo perdimos al mejor compositor romántico de la época moderna y Manzanero la vida.

Así nomás, lejano de sus múltiples y bellas mujeres, sin homenaje de televisa, sin mensaje de YSQ, sin reconocimiento en Bellas Artes, sin reconciliación con Luis Miguel, sin duetos con Maluma y los reguetoneros, etcétera, etcétera.

No mis cuates, en esto no hay truco. O se cuida uno, sobre todo los mayores de 70, o nos carga el pastor. Es cierto que no hay que vivir con miedo, que hay que echar pa´delante y esas cosas, pero la vida no retoña ni tiene replay.

Lo único real es que ya van muchas cruces y pérdidas cercanas a nosotros, de manera que no está por demás hacer un esfuerzo, en lo que sea y como sea, para mantenernos a salvo de esta amenaza.

Cuando “-te toca, aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas- “, dice el filosofo de Güémez, pero pa´que buscarle ruido al chicharrón, mejor que digan aquí corrió, que aquí quedó.

A veces trato de contener el aire lo más que puedo antes de volver a respirar. Cuando veo que a duras penas aguanto 50 o 60 segundos, me doy cuenta de lo que debe significar no poder meter aire a tus pulmones y que te tengan que insertar una cánula que destroza tu tráquea y tus cuerdas vocales, antes de hacerte llegar el oxígeno mínimo para vivir.

Trato de imaginar la ¿vida? postrado días y días boca abajo, desnudo, en un coma inducido, con venoclisis por todo el cuerpo, sondas y aparatos que no escuchas, pero que marcan la diferencia entre la semivida a que te condena el Covid y la muerte total e inexorable que sigue al internamiento.

No quiero ni pensar en la angustia de los que se quedan afuera sin poder abrazarte o dirigirte una mirada o una palabra, pero siento que el terror me invade al imaginarme verlos por ultima vez antes de entrar al confinamiento espeluznante del hospital para contagiados.

No mis cuates, si nos toca pues ni modo, pero entre tanto hagamos lo que está de nuestra parte y demos gracias a DIOS todos los días por despertar con salud; mantengamos la disciplina férreamente y sin concesiones; no ignoro que las necesidades materiales nos apremian a veces y nos llevan a la calle, pero tratemos de reducirlas al mínimum minimorum (diría mi compadre Favela); pongamos buena cara al confinamiento y tratemos de convencer a los nuestros que vale la pena el sacrificio; el mejor regalo que todos nos podemos ofrecer es el de la vida, así que regalémosla cada día, cuidándonos y cuidando a los que queremos.

Yo, por lo pronto -dolido por la partida del joven Manzanero, tarareando las sentidas rolas que tan prolijamente nos dejó-, reitero: a mi me gustaron las canciones de don Armando a partir de las interpretaciones de Carlos Lico y de mi compadre el Gato de Adoro, Esta tarde vi llover y No.

Pero si me preguntan, les diría que me gustaban más con mi compadre que con el simpático tartamudo de Yucatán. He dicho…

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