Opinión | Si abandonamos la culpa, se cae el patriarcado

¿Por qué las mujeres siempre nos disculpamos por todo?

No es que no tengamos que hacerlo nunca pero, comúnmente las mujeres nos disculpamos aunque la otra persona no lo merezca.

El caso del Senador por MC, Samuel García, es el ejemplo del machismo normalizado, que lo tiene tan arraigado que no lo percibió, hasta que la opinión pública se lo reclamó, lastimando aún más su ya de por sí deteriorada imagen de pseudo influencer. De hecho, creo que su disculpa viene más de la preocupación que este personaje tiene por alcanzar sus intereses políticos que por comprender lo machista que es y el daño que causa su conducta a la sociedad.

Es importante que las personas en general y, más importante aún, las que son personas públicas aprendan a reconocer sus actitudes machistas y que lo hagan pronto.

También, me causa conflicto ver que las mujeres nos disculpamos por cosas que no son nuestra culpa o por expresarnos en algún sentido. Me imagino a Mariana, la esposa de este senador pidiéndole disculpas por todo el problema que se generó, cuando ella no tuvo culpa alguna y la verdad es que no la juzgo, al contrario, la comprendo y me identifico con ella.

Lo qué pasó me hizo ponerme a pensar  ¿cuántas de nosotras nos hemos disculpado innecesariamente por cosas que no son para disculparse y con qué frecuencia?

Cuántas veces hemos dicho “me vas a tener que disculpar, pero no coincido con lo que dices” ,”perdón por no escucharte o por no prestarte atención”, “perdón por preguntar, pero no me quedo claro”,  “perdón, es que ando en mis días”, “perdón por no contestar”, “lo siento, pero prefiero estar sola”, “perdón por decir lo que pienso”, “perdón por venir así vestida” o últimamente, ésta que aplica para varias amigas cuando decimos “perdón si mi feminismo te incomoda”.

Y la culpa no es de nosotras, pues aprendimos que siempre teníamos que hacerlo, por “agradar” o por no ser “groseras”.

Fue difícil, pero entendí que no nos tenemos que disculpar, por decir lo que pensamos, expresar aquello en lo que creemos  o por defender nuestras convicciones o ideales.

No pidas perdón por ser sensible, por ser apasionada o por ser radical. No pidas perdón por pedir respeto o por pedir justicia.

Cuando pedimos perdón, es porque sentimos una cierta culpa, muchas veces infundada, pero que por mucho tiempo ha tenido control sobre nosotras.

¡Dejemos de hacerlo!

Dejemos de culparnos por menstruar y preocuparnos porque no se note. Por tu vida sexual, por no querer ser madres, por no sentir deseo sexual o por anteponer el trabajo.

Recordemos que no estamos obligadas a nada y cuando digamos algo que creemos que es lo correcto, no pidamos perdón.

La culpa es una forma de opresión que se nos ha inculcado por los mecanismos que sustentan al patriarcado, algo que nos autocensura para defender lo que sentimos justo, dejando el camino libre para quienes nos violentan impunemente.

Juntas, abandonemos la culpa.

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