Opinión | Siglo XXI: El nuevo discurso político

La sociedades del siglo XXI, inmersas en el fenómeno de la globalización; están asistiendo a una serie de transformaciones inéditas en todos los órdenes de su existencia. Tal es el caso de la revolución tecnológica en la cibernética, que ha detonado la era de las comunicaciones instantáneas; es decir, de la sociedad de la información, pero también de la desinformación. En nuestro tiempo, los hechos que suceden en cualquier parte del mundo, pueden ser difundidos y conocidos en tiempo real.  Las plataformas digitales ponen al alcance de las personas, la información que requieran para tomar mejores decisiones. En este contexto de la nueva modernidad, la política está modificando sus pautas convencionales de comportamiento, para abrir paso a nuevas formas de interacción social en las relaciones del poder.

En este marco de referencia, que marca la historia de nuestro tiempo; voy a plantear una serie de reflexiones, que pretenden visualizar la nueva realidad política que estamos viviendo los mexicanos desde el primero de julio del 2018; cuando la abrumadora mayoría de los ciudadanos que acudieron a las urnas, votaron por el actual presidente de la Republica, Andrés Manuel López Obrador, quien desde su campaña, propuso al pueblo de México la creación de un nuevo régimen político basado en políticas de estado, que tienen como propósito transformar la injusta realidad de nuestro sistema social, impuesta por el llamado régimen del neoliberalismo. El pueblo esperanzado, ha esperado con anhelo el combate contra la corrupción política y el establecimiento de lo que se llama el Estado de Bienestar. Así ha sido, que en cumplimiento de su compromiso histórico de transformación de la vida pública Nacional; el presidente ha ido realizando paso a paso, los cambios institucionales para construir un nuevo Régimen Político verdaderamente Justo y Democrático. En esta tarea, sus detractores y sus voceros, lo combaten en todas las trincheras de las plataformas de comunicación; por ello, el presidente diseñó una estrategia de comunicación con el pueblo,  en un ejercicio  de diálogo circular, que realiza con los periodistas de la prensa nacional y algunos de los medios locales, de lunes a viernes.  En su conferencia matutina del viernes 25 de este mes, en uso de su derecho constitucional de réplica –pero también derecho del pueblo a ser informado-, desmintió tajantemente que en México no exista la libre expresión de las ideas y opiniones políticas. Por supuesto que tiene razón el presidente; pues desde que comencé a participar  en actividades políticas -1962-, nunca he vivido un tiempo de mayor libertad para escribir y opinar sin censura. Como ciudadano mexicano, pendiente como estoy, de todo el acontecer político de  mi país y de mi estado de Durango -y desde luego del mundo-, me decepciona la pobreza de criterio y de formación profesional de muchos actores políticos y comunicadores sociales ¿Por qué? Porque no tienen o han perdido el sentido de la Ética Política, que es la ética de la responsabilidad. Hoy más que nunca, las reglas institucionales pesan más  que las llamadas reglas no escritas; así lo exige el principio de transparencia, que es una práctica indispensable de las democracias modernas.

Finalmente, quiero compartir estas históricas reflexiones: En Grecia, la cuna de la democracia, las grandes decisiones políticas se sustentaban en la fuerza de los argumentos; es decir, en los hechos reales y no en la simulación ni en la mentira; en los intereses de la mayoría y no de unos pocos. Es moralmente imposible ganar el poder de forma permanente mediante la injusticia, el prejuicio y la falsedad: Así  nació la democracia en Atenas, como la forma política más legítima para oponerse a la oligarquía y a la tiranía. Finalmente los políticos que quieran acceder al poder público, tienen que ser honestos, preparados y con verdadera vocación de servicio; esos son los valores que deben sustentar el nuevo discurso político.

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