Opinión | SIN PROTOCOLO; Tres soldados de la comunicación abatidos 

Por: Jesús Nevárez 

El asesinato de trabajadores de la comunicación no se dimensiona en su importancia social, cultural, política y económica. Se intenta hacerlo hecho cotidiano, eso es muy grave y un atentado a dos libertades fundamentales de una sociedad: la libertad de expresión en el ejercicio profesional del comunicador en cualquiera de sus formas, y, la libertad de información como elemento fundamental en el proceso democratizador de cualquier la sociedad.

La información es un factor de particular importancia no solo para la dinámica de la economía interna, también para la macroeconomía. O la información en cuanto a las medidas preventivas cuando hay violencia y esta se presente en regiones específicas o en zonas urbanas determinadas.

El periodismo de denuncia, de señalamiento de los errores que tienen el poder, político o económico, y de otros espacios de la actividad social. Ser critico es ejercicio de alto riesgo. En la mayoría de los asesinatos cometidos contra comunicadores, se han visto involucrados, o bajo sospecha, quienes ostentan espacios de poder político.

En muchos casos, el político es un ser calculador, insensible, con un concepto muy limitado del área sensible del ser humano. El motivo de su existencia es el poder, el tenerlo, conservarlo y acrecentarlo lo hace irracional. Por eso, justifica la desaparición física de quien se convierta en un obstáculo, y no pocas veces, el comunicador es un estorbo al que se deba eliminar.

Una voz que se silencia, una imagen que desaparece, un texto que ya no se verá, no solo es la desaparición de un comunicador, es el aniquilamiento de muchas posibilidades de aportar a la sociedad. En este ejercicio profesional hay buenos, malos y pésimos. Hay honestos y corruptos, solidarios y apáticos, comprometidos y cómplices, y cada quien se pone el saco que le quede, y si no se lo quiere poner, la sociedad le tiene uno a su medida.

Este rollo viene a cuento, porque en no más de once días fueron asesinados tres comunicadores: Lourdes Maldonado y el periodista gráfico Margarito Martínez, en Tijuana, y, José Luis Gamboa Arenas en el puerto de Veracruz. Tres bajas para el ejército que hace de la comunicación no solo un medio (mal pagado), sino el importante enlace del acontecer diario con la sociedad, algo que solo el periodista hace.

El presidente López Obrador, dijo que no se adelantara juicios, que es investigará para saber las causas. Lo malo es que cada vez que cae uno de nuestros soldados, se dice lo mismo, y más del 95% de estos crímenes permanecen en la impunidad, a los hechos funestos se les entierra con paletadas de olvido.

En el caso de Lourdes Maldonado, aparece en el escenario de las presunciones como autor intelectual de su asesinato, el ex gobernador de Baja California, Jaime Bonilla Valdez, quien despidiera sin justificación a la periodista Maldonado, con más de seis años trabajado para la empresa televisora de Bonilla y tuviera un laudo a su favor por la demanda laboral interpuesta, por lo que era hostigada por este empresario, así lo dio a conocer al presidente en la mañanera.

López obrador de obligar a que los responsables de esta investigación den resultados lo más pronto posible. Investigaciones ser reales y convincentes y no echar mano del primero que pase para culparlo.

Jaime Bonilla debe de ser investigado a profundidad, no limitarse por su cercanía con López Obrador. Nos unimos a la condena y a la protesta de los comunicadores de todo el país. Esperamos y deseamos que los diferentes grupos de comunicadores citen a una protesta, seremos los primeros que acudamos, como los hicimos con Sergio Valdez, por cierto, una protesta a la que nadie no acompañó, pero con dignidad y solidaridad, salimos a protestar y pedir castigo. O no

 

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