Opinión | Sputnik

Me parece irónico que, en lugar de ver con buenos ojos a la primera vacuna patentada para el tratamiento del covid-19, osease, la sputnik, se recurra a la lisonjería cuando se habla de los norteamericanos, y se responda con pánico a las innovaciones o avances de la enorme masa que es rusia. Escucho en la radio, un guion prefabricado: los locutores repiten “no está aprobada por fda (sin mayúsculas pues quienes son)”, “yo no me la pondría”, “que miedo despertar hablando ruso”, así como sin originalidad ni perspicacia. ¿Por qué demonios la vacuna rusa, nacida en territorio ruso, probada en territorio ruso, pagado con impuestos rusos, debería obedecer o depender de una administración foránea? ¿No será que fda cabildea a favor de pfizer, que al fin y a cabo, gracias al capitalismo croni, son la misma fregadera? ¿no serán aquellos que repiten tonterías, a sabiendas o no, me inclino más por la segunda, repetidores de propaganda barata utilizada desde la guerra fría? Y luego, ¿por qué anteponen fda a cofepris? Se nota su doctrina, ¿la mía también?, ni modo.

Un país como el nuestro no se puede dar el lujo de temer a su, quizá, única salvación. Si fuéramos potencia como ciertamente lo son rusia o china, tendríamos una vacuna nacional en vez de este debate. En cambio, tenemos mentalidades retrógradas y posiciones “liberales” que solo benefician al explotador y nunca al explotado. Balbucean las tonterías de siempre, “es que el empresario genera la riqueza”, no me hagan reír. El empresario administra la riqueza y, casualmente, siempre termina en sus bolsillos o en de sus amigos, mientras que el proletario ensambla las piezas y golpea los materiales, y suda bajo el sol. Si somos tan vivos como decimos, ¿entonces por qué somos otro en el montón, y somos del mismo material que la gente a la que critican por salir a ganarse el pan? A todos nos explotan pero algunos lo admitimos y otros no.

Seguramente ellos, con sus manos finas y elegantes, manufacturaron las vacunas, o todavía más admirable, arriesgaron números imaginarios mientras se tomaban un café con otro desgraciado. Pero nadie recuerda que esos “hombres admirables” heredaron sus fortunas, y a fin de cuentas se remontan a las épocas de esclavitud. Yo no hablo en contra del empresario local, o acaso nacional, que a duras penas sobrevive, pues también son piezas en una maquinaria. Yo hablo del fulano dueño de la fábrica donde se fabrican fábricas. Hablo del dueño de la maquinaria que construye maquinaria. Hablo de los caciques de la guerra, y los sicópatas al mando de las farmacéuticas: ellos son los enemigos y siempre lo serán, ya basta de tibiezas. Mientras nosotros nos perdemos en etiquetarnos, “tú derecha, yo izquierda, él liberal, el otro autoritario”, ellos se ríen en nuestra cara, y sus riquezas no hacen otra cosa que aumentar en época de pandemia. Usted dígame ¿qué tal su bolsillo por la pandemia? ¿Desangrado, cierto? ¿Será que existen alimañas, allá en lo alto de la cúspide social, que chupan como sabandijas la sangre y el sudor de los demás?

Puedes comentar con Facebook
Anuncios