Opinión | Tengo alguien que me ama

Resplandor entre rejas XVIII

Con 15 años y ya experimenté todo en mi vida. A veces amargo, a veces dulce. Algo bueno y todo malo. En algunas victorias y siempre derrotas.

Para algunos el fracaso es el éxito y el éxito es el fracaso propio. En mi caso así era. Cuando creía que había ganado era cuando había perdido todo, y siempre culpando a las personas que más estuvieron conmigo, perdiéndome en la amarga soledad, celoso de mi espacio y muy distante de todo. Mi única amiga era mi sombra, pero, ¿cuál amiga? Cuando estaba en medio de la oscuridad, cuando más la necesitaba me dejó solo, perdido en la nada.

Pero todo llega al fin. Ya estaba harto de mí mismo, de mi propio ser. La droga no era suficiente para calmar esta sed ocasionada por la rabia de no poder ser algo en la vida, ni siquiera alguien. Pero tenía una mejor idea. Quitarme la vida, tal vez así llamaría la atención. Ya no quería vivir. Pero la vida es tan injusta una y otra vez. Pero no logré quitarme la vida. Marcado quedé de tantos intentos. Cierto, cuando no te toca aunque te pongas, y cuando te toca ni aunque te quites.

¿Por qué cuando quise morir no pude? Yo anhelaba quitarme la vida, no quería ser un estorbo en esta sucia sociedad; pero nunca aparté de mí la misericordia y la verdad de mi boca, los consejos de mi madre los guardé porque han sido mi vida y los tengo guardados en medio de mi corazón.

Cuando por fin logré algo en la vida y ser alguien, me creía mi propio Dios. La verdad estaba en mi boca, vino del conocimiento y la inteligencia.

Mi madre me dijo un día: “mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios”. “Mamá cómo te atreves. No sabes por todo lo que pasé para que me digas tus tonterías; para que desprecies todo lo que tengo ¿lo que he logrado no es suficiente o qué?”, le dije. Y ella me contestó con una seguridad y una calma: “hijo, el hombre necesitado será el que ama el deleite”. No entendí ni media palabra, pero sí se quedó muy grabado dentro de mí.

Hoy me encuentro preso físicamente pero no espiritualmente, y no me arrepiento de nada, porque mi pasado dio como fruto mi nueva vida.

Agradecido con la vida porque lo tengo todo, tengo algo muy valioso, algo que nunca pensé que tendría. No pensé que estando aquí lo encontraría pero así es. ¿Por qué tanto odio? Tal vez lo que me faltó fue amor. Sí así lo fue, ya lo tengo. Ya tengo a alguien que me ama.

*Tomada del libro: Espinosa M.. (2015). Resplandor entre rejas. México D.F.; Benito Juárez, SNTE.

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