Opinión | Todos estamos bien (Para Pilar, a doce años)

Han pasado doce años desde que te despedimos del mundo terrenal. Tu recuerdo sigue presente cotidianamente en tus hijos, en tus nietos y en todos los que te quisimos y gozamos de tu presencia en nuestra vida.

Muchas cosas han pasado desde tu partida, que tu conoces mejor que nosotros. Dicen que Dios y los muertos son los únicos que conocen toda la verdad, así que nada ignoras de lo que te cuente, pero siempre queremos compartirte esas vivencias para prolongar los diálogos entrañables que no se interrumpen con el sueño eterno de uno de los dialogantes.

Este año, en febrero, Ángel César, tu hijo menor, y su esposa Mónica recibieron a su primer hijo, Sebastián. Un niño que seguramente te encantaría por su sonrisa abierta, chispeante y cálida; te seduciría su mirada penetrante, inteligente y escrutadora; y tenerlo en brazos te transmitiría el mismo sentimiento de arrobo que nos embarga a nosotros cuando lo hacemos y evocamos en su gesto la dulzura que heredaste genéticamente a tus descendientes.

Su salud es buena y crece sano y robusto, sus padres se dedican exhaustivamente a su profesión y al cuidado de su retoño. Estarías muy orgullosa del desempeño de ambos en la medicina y del respeto y prestigio que se han ganado día a día.

Tus nietos Santiago y Mateo van muy bien en sus estudios y en su formación complementaria, físico-atlética y cultural. Santi va en secundaria y mide 1.86 y pesa 90 kilos; Mate ya es más alto que yo, lo cual no era nada difícil, y va terminando la primaria. Los dos son, como su papá y su mamá, muy buenos golfistas. Carlos Alberto y Cinthia, a pesar de las responsabilidades corporativas de tu hijo, viajan frecuentemente con los chicos, porque esa buena costumbre les impusiste desde niños a tus hijos.

Te cuento que Ana Cecilia y Raymundo terminaron su estancia en Filipinas y regresan a radicar en Londres. Mientras les entregan su casa y llega su menaje desde Manila, han decidido pasar unos meses en Durango, lo que me tiene de plácemes porque he convivido mucho con Sofía y con Emilio, tus nietos.

Sofía, a quien ya no conociste, habla constantemente de ti y hace bellas historias de su abuela Pilar quien, dice, es un estrellita que brilla en el cielo porque se fue con Dios. Emilio te cautivaría porque es un torbellino infantil, pleno de energía, que no tiene pausa ni reposo, pero luego cesa repentinamente su explosión verbal y corporal, para correr a darte besos en las mejillas.

Por lo que a mi respecta, te cuento que me retiré del servicio público después de casi 50 años. Los tiempos han cambiado dramáticamente en el gobierno; se requiere ahora de nuevas actitudes y principios que ya no se acomodaron a los míos y preferí cortar por lo sano.

Como sabes, me volví a casar hace un par de años. Encontré, providencialmente, a una persona maravillosa que me ayudó a salir del marasmo en que me sumió tu partida inesperada.

Nunca me imaginé ese escenario, pero el nuevo matrimonio me ha dado la oportunidad de remediar los errores que sin duda debo haber cometido en nuestra vida de esposos, pero también me ha permitido aquilatar el valor y la importancia de tu presencia en mi vida y en las de nuestro hijos y nietos.

Mucha gente en Durango, y en la ciudad de México, te sigue recordando con cariño y admiración. Tus comadres no te olvidan y cuando nos vemos hacen remembranzas cariñosas de ti y de tus anécdotas. Tus libros siguen circulando y siendo fuente de información obligada sobre Benigno Montoya, su obra y el arte funerario y sacro, pero tus artículos culturales se leen constantemente, incluso por personas de otras entidades del país.

Te platico que el Museo de Arte Funerario del panteón de oriente ha sido repuesto en sus placas museográficas, dotándolas con códigos QR que permiten al visitante escuchar la historia estilística y artística de cada monumento. Ahí está la placa que registra tu contribución a la cultura sacra y funeraria, gracias al esfuerzo de tu alumno José Alonso Martínez Barrios.

Te comento que hubo un intento infructuoso de varias organizaciones culturales por llevarte a la Rotonda de las Personas Ilustres de Durango, pero la indolencia de este gobierno y de sus funcionarios no ha dado ni siquiera para renovar el consejo o patronato encargado de analizar las propuestas, a pesar de que el museo que tu impulsaste se creó en la época que el actual gobernador era presidente municipal.

En fin.

Tu mamá está muy bien y acercándose a los 99 años de edad, tus hijos y nietos le llaman o la visitan cada vez que pueden. Tus hermanas y hermanos, sobrinas y sobrinos están todos bien.

Fuera de la triste pérdida de algunos amigos entrañables y de mi hermana Sandra, te participo que todos estamos bien.

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