Opinión | Trump y la liberación de Cienfuegos

¿La llamada la hizo (William) Barr? –preguntó la juez Carol Bagley en la corte federal de Brooklyn este 17 de noviembre, al fiscal del caso Cienfuegos.

–Sí –respondió el fiscal Seth DuCharme, antes que la jueza aceptara liberarlo.

William Barr es el fiscal general de Estados Unidos y la llamada fue para que, el lunes 16 de noviembre, la fiscalía se desistiera de juzgar a Salvador Cienfuegos por narcotráfico. En los hechos, la llamada pedía que se ignoraran cientos de pruebas, llamadas telefónicas interceptadas, horas de agentes investigadores trabajando y una década de una silenciosa indagatoria sobre Cienfuegos.

Barr no tomaría una decisión de ese tipo por su cuenta, sin el beneplácito del presidente de Estados Unidos. Creo que la liberación de Cienfuegos debe leerse menos como una alegada victoria diplomática mexicana y más como la tercera de una serie de decisiones que Trump ha tomado en la última semana, explicables solo en el crispado contexto poselectoral.

El jueves 12 de noviembre, Trump pidió opciones militares para bombardear instalaciones nucleares de Irán. Sus asesores civiles y militares lo convencieron de que no lo hiciera, según reportó ampliamente la prensa de EU.

Dos días después, anunció el retiro de tropas de Afganistán y de Irak. Con esto, EU renunciaría a una posición geopolítica estratégica que ha combatido por la diplomacia y por las armas desde 1990, que ha costado en las últimas tres décadas miles de vidas de militares estadounidenses.

El líder republicano en el senado, Mitch McConell, manifestó que se opone a la medida. Le siguió la oposición pública de otros republicanos y exjefes del pentágono. Trump insistió en que es su potestad. Con esto, le cedería la hegemonía militar en toda esa región al gobierno ruso y a su alianza con los chinos. El Pentágono, hasta ahora, ha dicho que el retiro debe planearse.

Durante el fin de semana se tomó la decisión sobre Cienfuegos. El argumento de que el general no habría cometido los delitos alegados en Estados Unidos es absurdo, si tomamos en cuenta los juicios pasados y vivos contra traficantes de drogas o políticos, llevados en cortes estadounidenses en los últimos años. El narcotráfico, como tipo penal, es un delito transnacional.

En los últimos años, Barr ha sido fuertemente cuestionado. Se desistió en el juicio contra Michael Flynn, exconsejero de seguridad nacional de Trump que confesó relaciones no reveladas con Rusia.

Los analistas en México parecen estar de acuerdo en que solo por la confianza que ha depositado el obradorismo en el Ejército se explica semejante operación diplomática para salvar de una cárcel estadounidense a un militar mexicano. Los analistas en Estados Unidos afirman que es una jugada trumpista, y no más.

¿Qué posibilidad hay de que el general Cienfuegos sea juzgado en México? México Evalúa publicó en octubre que el 92% de los delitos denunciados en el país no llegan a condena ni a acuerdo judicial. El fiscal anunció que Cienfuegos era liberado por “consideraciones sensibles e importantes de política exterior”. Estados Unidos no es Trump, y no lo será en dos meses, muy probablemente.

La llamada de William Barr debe leerse entonces como una más de las decisiones de Trump para dificultar la llegada de su sucesor. Siguiendo su propia agenda, deja en ridículo a la DEA, ignora un mandato de un gran jurado ciudadano, que en 2019 decidió que se emitiera una orden de aprehensión a Cienfuegos y abre la puerta para que otros casos vivos en Estados Unidos tengan un camino de apelaciones que antes difícilmente hubieran tenido. De los que más interesan a la opinión pública mexicana, algunos de esos casos serían la apelación de Joaquín “El Chapo” Guzmán, los nuevos cargos contra el expolicía Iván Reyes Arzate y, claro, el proceso en curso contra Genaro García Luna. Ya veremos cuál es el efecto dominó de este madruguete trumpista.

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