Opinión | Un hecho que preocupa

Vamos a dedicar la columna al hecho que va a hacer polémica por mucho tiempo. Estuvo desaparecida una joven doctora de nombre Azucena Calvillo, ella es parte de los doctores de primera línea en la atención de pacientes de gravedad por el Coronavirus. Su foto se difundió ampliamente por Redes Sociales, solicitando ayuda para localizarla. 

Pasó una tarde, toda una noche, toda la mañana, no aparecía, en las Redes Sociales se expresaba la preocupación. Quizá doce horas después, se dijo que ya estaba en su casa, luego que estaba detenida en la fiscalía acusada de intento de homicidio.

Se dijo que había sido acusada por la hermana de la presunta víctima, un magistrado federal adscrito a Durango, la acusadora, una Doctora de nombre Patricia Silva Delfín, sub delegada del IMSS. A partir de la aparición de la Doctora Calvillo, se sucedieron una serie de hechos en los que reinaron la confusión, el reclamo, el estupor, la indignación y la solidaridad.

La fiscalía nunca aclaró porque durante más de diez horas no le dijo a la familia de la Dra. Calvillo que estaba detenida, ni explicaron porque la detuvieron sin orden judicial. Pero sucedió un hecho que nunca imaginaron en la fiscalía. La solidaridad de los médicos se expresó con fuerza, cerraron un bulevar, se apostaron hasta en la madrugada frente al penal a donde la fiscalía la había trasladado, exigiendo su libertad.

Los médicos amenazaban con suspender la atención de pacientes de Covid, después, dijeron que no atenderían funcionarios del primero y segundo nivel del gobierno. Se presentó otro fenómeno, las redes sociales fueron el vehículo de expresión de los ciudadanos que condenaban la detención de la Doctora Calvillo y pedían castigo para quienes habían violado sus derechos humanos y constitucionales.

Pronto el suceso fue abordado por medios nacionales e internacionales, en pocos países se ha presentado que una doctora pretenda desconectar el respirador para matar un paciente, eso llamaba la atención.

Pero el caso se enredó con las diferentes versiones de la fiscalía. La doctora Calvillo abandonó el penal gracias a la presión de los médicos, se dijo que se había cambiado el presunto delito de intento de asesinato, al de lesiones, y, que seguiría su proceso en su domicilio.

La fiscalía fue de error en error, contradicciones, declaraciones dudosas, distorsión de hecho, se había violentado el debido proceso desde la desaparición de la Doctora Calvillo, circuló el rumor de que primero había sido levantada por “malandros”, lo cual era absurdo, como había llegado a la fiscalía.

Se habló de que la denuncia la había presentado la Doctora Patricia Silva Delfin hermana del enfermo al que supuestamente intentaron quitarle el oxígeno para que falleciera, esta doctora dejó pasar días para decir en Redes que nunca hizo señalamientos contra nadie.

Otro elemento de confusión ¿Entonces, quien acusó a la Doctora Calvillo, en base a que denuncia se le tenía detenida y fue trasladad al penal? La presión social continuó, era clara la tendencia a no creer lo que sostenía la fiscalía, pero los métodos empleados y sus contradicciones abonaban a que creciera la indignación.

El gobernador del estado José Aispuro intervino, hizo uso de sus facultades constitucionales para solicitar a la fiscalía retirar cargos contra la Doctora Calvillo, la solicitud fue aceptada, y este penoso tema parecía llegar a su fin.

Se realizó una marcha en la que pidieron la renuncia de la fiscal Ruth Medina. A decir verdad, cientos de ciudadanos hemos pasado por situaciones parecidas, hay indignación social acumulada, otro elemento para que este tema detone. Porque surge otra pregunta incómoda para la fiscalía, ¿A cuántos ciudadanos les ha pasado lo mismo? Algunos quizá estén en el penal siendo inocentes. O no.

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