Opinión | Una pregunta para nuestros diputados

Que haría usted ante una amenaza que enfermara a sus hijos, que de adultos los hiciera invidentes y mutilados; aparte, si usted les llevara esa amenaza a su casa, no solo eso, se las comprara.

Así de sencillo es el efecto de bebidas gaseosas y comida chatarra. Quizá todos sepamos de gente que da comer papitas y su coca. El futuro de estos niños es la obesidad y la diabetes.

El problema es grave, le cuesta mucho a México en el fallecimiento de seres humanos, y en costos de atención médica. Es más fuerte que el mismo coronavirus, no por la velocidad con que ataca, ni por su rápida contaminación, sino por el número de casos, muchos de ellos con triste final de sus vidas, miembros amputados ceguera.

Por ello, en los libros de texto, se explicará a los niños el costo de la ingesta de estos “alimentos” chatarra, riesgos y consecuencias, la necesidad de prescindir de ellos. No basta con ello, las familias nos debemos convertir en celosos vigilantes para cambiar hábitos alimenticios, enfilarnos para construir un futuro más sano, más productivo, creativo y con mejor calidad de vida. Como ningún presidente, López Obrador se pronuncia contra este hábito y propone estrategias tiendan a generar una cultura de buena alimentación.

“Cerremos la perta a la comida chatarra”, podría ser el slogan con el que todos actuemos, al respecto, se podrían hacer campañas de concientización pr los gobiernos estatales, en lugar de andar sobre el dinero, y hacer confabulaciones y grillas.

Lo diputados locales, y los regidores, deben llevar estos a la discusión, acordar medidas para proteger la salud de los niños, si esto se hace, los adultos también dejarán estos funestos hábitos.

Este planteamiento es una verdadera lucha contra los envenenadores internacionales que son los grandes productores de alimentos chatarra, y, fuertes empresas nacionales que los producen o distribuyen, por supuesto que están reaccionando fuerte contra esta cruzada que apenas inicia.

Los conservadores atacarán, ya empiezan a enviar mensajes de colapso en las economías, manejarán que miles de trabajadores perderán sus empleos, que aumentará la crisis y muchos argumentos sobre el rechazo al consumo de refrescos y comidas chatarra. Estos argumentos encierran un sofisma, callan ante los impactos que a la larga tienen tanto en la salud como en le economía y los graves costos sociales.

Lo que no dicen los envenenadores, es que se elaborarán aguas de frutas, se llevará ensalada a las escuelas, se venderán más productos naturales que no dejarán que la economía se deprima y el beneficio será mucho.

Ya hay estrategias de defensa a los niños. En el estado de Oaxaca, el Congreso del Estado acordó prohibir la venta de estos sub alimentos a niños. No solo eso, hay comunidades que impiden el paso a camiones repartidores. En Tabasco y Colima se está planteando la misma prohibición. La tendencia es que otros estados de la república hagan lo mismo.

¿Los diputados locales se comprometerán con la salud de los niños de Durango? Lanzamos esta interrogante. Seguramente no tendremos respuesta, los diputados están ocupados en las grillas para las candidaturas, en lugar de pensar en los ciudadanos y en los niños. Por eso, la gente los rechaza; son sumisos, agachones, proclives al dinero para que callen y solapen, no se comprometen con los interese sociales. Cuidado, porque como en Ucrania, los ciudadanos los pueden aventar a los contenedores de basura. O no.

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