Opinión | Y sin embargo… se mueve

Juan Carlos Chávez

Es ingenuo pensar que José Ramón Enríquez Herrera -a estas alturas del partido- estuviera a la espera de que los tribunales resolvieran la impugnación que presentó a su favor, y que finalmente el iba a ser el abanderado de Morena en la candidatura la gubernatura, “drama” que llegó a su fin el pasado martes por la tarde, en donde la última instancia dictó la sentencia final, por lo que el doctor Enríquez tendrá que esperar, como generalmente le ocurre en la política, que los vientos soplen a su favor.

Ante esto, el senador salió al día siguiente a dar la cara, citó a los representantes de los medios de comunicación a un desayuno para dar lectura a un documento que escribió -según dijo- con la cabeza fría, aunque su actitud demostrara lo contrario, de esta manera, dejó en claro varios puntos, el primero, y tal vez más importante, el anuncio de que no va a apoyar la candidatura de Marina Vitela, y a pesar de lo que consideró una jugarreta de la cúpula Morenista, dijo que no renuncia al partido, y que seguirá trabajando por su gente, por quienes le dieron su apoyo y que ahora, se quedaron “colgados de la brocha”.

A pesar de que desde el primer momento, los tribunales señalaron una y otra vez que las famosas encuestas aplicadas por Morena entre la ciudadanía para conocer al perfil mejor posicionado, no serían un factor determinante para designar al o la candidata, Enríquez Herrera se aferró a ello y fue, hasta el último momento, su principal argumento, esto de manera pública, porque perfectamente sabía lo que iba a ocurrir, y que el no estaba, ni está, en el ánimo del presidente de la República ni de la dirigencia de Morena.

Ahora, tendrá que pasar algun tiempo para que el senador asimile este trago amargo, lo mismo sucederá con sus colaboradores más cercanos, quienes hasta el último momento mantuvieron la esperanza de que la resolución de los tribunales les iba a favorecer, aunque en las últimas semanas, poco a poco se fue “desgranando la mazorca”, y cada vez eran menor el apoyo en los movimientos o en las conferencias de prensa para decir que todo iba bien, finalmente, la bomba explotó y Enríquez Herrera y su gente tendrán que replantear sus objetivos, pues de aquí a seis años, puede pasar de todo, en ocasiones, la vida da revanchas y hay quien las aprovecha, en otras, a pesar de lo duro del golpe, no se asimila la enseñanza y la recaída es siempre, más estrepitosa.

Haciendo alusión a una de las muchas frases y dichos del exgobernador del Estado, Maximiliano Silerio Esparza, José Ramón Enríquez debe de tomar en cuanta que en los sexenios, “los días son largos y los años cortos”, por lo que si aún está interesado en ser el gobernador de los durangueses debe de diseñar una estrategia completamente diferente, bajarle “dos rayitas” a su ego, al trato hacia los demás, a no dejarse adular hasta el cansancio por personas que no le han hecho ningún bien y que le han vendido una percepción equivocada de como lo ve la gente, pues si como político fuera la mitad de bueno de lo que es como oftalmólogo, hasta la presidencia de la República le quedaría chica, sin embargo asegura que “sigue de pie por Durango”, frase que escogió para recomenzar.

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